Boricua apasionada de las microalgas desarrolla proyecto multisensorial

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Paola Arroyo Guzmán

Reconocer el valor de las pequeñeces es una característica que le ha servido a la científica Jennifer Gil, de 26 años, como energía para impulsar un proyecto dirigido a educar sobre la importancia de las microalgas.

Su pasión por las cosas pequeñas nació cuando era una niña. Con el pasar de los años, se dio cuenta de que anhelaba que las personas, independientemente de su edad, reconocieran el valor las microalgas, que no son visibles sin un microscopio.

Estos microorganismos fotosintéticos, sin embargo, son la principal fuente de nutrientes en el océano. Incluso, una gran cantidad de organismos marinos se alimentan de ellas.

“Son bien importantes porque la mitad del oxígeno que respiramos viene de ellas. No podemos vivir sin ellas. También, son las responsables en las redes alimenticias, y sabemos que sin ellas ningún organismo acuático pudiera existir”, destacó.

“A mí siempre me ha gustado todo lo que sea pequeño, que se pueda ver en el microscopio. Las microalgas me consiguieron a mí cuando yo estudiaba nanotecnología en la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras. Yo digo que son el futuro porque tienen muchos usos”, mencionó Gil.

El año pasado, su interés por las microalgas la convirtió en la única puertorriqueña en ganar la Fulbright-National Geographic Digital Storytelling Fellowship, una prestigiosa beca que otorgan la National Geographic Society y el Buró de Asuntos Educativos y Culturales del Departamento de Estado federal.

El uso sensorial con un propósito científico

La egresada de Ciencias Ambientales de la Florida International University (FIU) desarrolló, en nueve meses, en Panamá, un proyecto educativo que utiliza los cinco sentidos para explicar, de una forma interactiva, la importancia de las microalgas.

“Yo propuse un proyecto educativo para educar sobre las microalgas a todo el mundo. Así no excluimos a nadie. El proyecto hace que las personas se interesen más por las microalgas. A veces, se nos olvida de la importancia del mundo microscópico”, aseguró Gil.

El proyecto sensorial consiste en que el público pueda experimentar con las microalgas a través de sus cinco sentidos utilizando la música, imágenes microscópicas, modelos 3D-Printed, jabones y galletas.

“Escogí Panamá porque es el único lugar en donde podía recolectar microalgas en dos océanos diferentes, desde el océano Atlántico hasta el Pacífico. Entonces, escogí educar a través de los cinco sentidos porque me permite educar a todo el mundo sin importar sus limitaciones”, dijo la científica.

Un trabajo en equipo

Para poder lograr su objetivo, Gil recolectó las microalgas durante nueves meses en los cuerpos de agua conocidos como Las Perlas, Colón, Taboga, Bocas del Toro y el Lago Gatún, en Panamá.

Eventualmente, aislaba las microalgas para hacerlas crecer en grandes cantidades en un laboratorio.

La joven confeccionó jabones con microalgas para estimular el olfato, e imprimió modelos tridimensionales de diferentes especies, en el Fab Lab de EcoStudio, para estimular el tacto.

En cuanto al sentido del gusto, horneó galletas con espirulina, unas microalgas comestibles.

Mientras, con el apoyo de músicos de la banda panameña Afrodisiaco, el movimiento de una microalga llamada Euglena inspiró una melodía propia.

“La impresión de la comunidad en general fue muy interesante, específicamente en el área de la música. Todo el mundo se levanta para bailar con las microalgas, y poder utilizar el tacto con el modelo 3D, y ver todos los usos que tienen las algas en el diario vivir, hace que las personas se identifiquen más con las microalgas, y entiendan que tenemos que proteger nuestro ambiente”, detalló.

Actualmente, el proyecto es utilizado en el currículo de la Forest Glen Elementary School, en Wisconsin.

“El mundo microscópico es sumamente importante. Aprendí con este proyecto de que las ciencias son para todo el mundo. Yo digo que, además de conectar microalgas, yo colecté historias. Aprendí sobre la divulgación de las ciencias y rompí con esa barrea. Entendí que las personas tienen interés por la ciencia”, agregó la científica.

La carolinense también ha tenido la oportunidad de ofrecer charlas en el EcoExploratorio: Museo de Ciencias de Puerto Rico y en tres escuelas.

La entrevistada es miembro de la red de Ciencia Puerto Rico.

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