Adolfo Rodríguez Velázquez: el científico que decidió explicar la ciencia para que otros pudieran verse en ella

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El Dr. Adolfo Rodríguez Velázquez se identifica "con las especies no carismáticas, esas que no suelen gustar y que muchas veces generan miedo" (Suministrada)

En una cueva del Caribe, donde la luz apenas entra y el silencio parece absoluto, el Dr. Adolfo Rodríguez Velázquez observa, buscando movimiento, patrones, vida. Pero su trabajo no termina al salir de ese espacio. Para él, ahí es donde realmente empieza: cuando toca explicar lo que vio.

“Lo más que me gusta es educar a la ciudadanía; para mí eso significa combinar la ciencia, entenderla y traducirla en conocimiento”, dijo.

Esa idea de traducir —de tomar algo complejo y hacerlo cercano— ha marcado toda su trayectoria.

El Dr. Rodríguez Velázquez es biólogo de formación y comunicador por vocación. Se graduó con honores en Biología y Comunicaciones en la Universidad del Sagrado Corazón y completó un doctorado en Biología en la Universidad de Puerto Rico, donde investigó la culebra corredora puertorriqueña (Borikenophis portoricensis), una especie esencial para los ecosistemas de la isla. 

Pero cuando habla de lo que hace, no recurre al lenguaje técnico. Prefiere algo más simple:

“Comunico ciencia de manera sencilla… sin la parte de la academia, de una forma relajada, que la gente lo pueda entender”.

Esa forma de ver la ciencia tiene raíces profundas.

“Soy un jíbaro del pueblo de Las Piedras”, dijo. Creció en Collores, rodeado de naturaleza, caminando por el monte desde pequeño. Ese contacto constante con el entorno no solo despertó su curiosidad, también definió su mirada.

“Yo me identifico con las especies no carismáticas, esas que no suelen gustar y que muchas veces generan miedo”, explicó.

Esa afinidad, lejos de ser casual, se convirtió en una línea de trabajo: entender no solo a las especies, sino también cómo las personas las perciben, por qué una serpiente puede provocar rechazo, de dónde nacen esos miedos y cómo influyen en su conservación.

La pregunta por cómo comunicar todo eso llegó temprano.

“Si yo soy documentalista, puedo llevar este conocimiento a otras personas”, recuerda haber pensado mientras estudiaba. En ese momento, aún no tenía claro el camino, pero sí la intención: conectar la ciencia con la gente.

Ese impulso lo llevó a explorar el cine, a completar una concentración menor en ecología y, eventualmente, a construir una carrera donde la investigación y la comunicación avanzan juntas.

“Quiero educar y comunicar, que otras personas conozcan la ciencia. Pero también inspirar: que alguien me vea y, por un momento, piense ‘si él pudo hacerlo, yo también puedo’”

Esa idea tiene un trasfondo personal.

“Yo no tenía un modelo específico, no hay científicos en mi familia. El camino no fue fácil, fue cuesta arriba”, contó.

Grupo de jóvenes diversos sonriendo en una escalera de ladrillo.
El Dr. Adolfo Rodríguez Velázquez con estudiantes de su laboratorio. (Suministrada)

Sin referentes directos, tuvo que abrirse paso entendiendo el campo poco a poco, probando, equivocándose, insistiendo. 

Hoy, precisamente por eso, busca convertirse en el referente que él no tuvo.

Su carrera lo ha llevado a distintos ecosistemas: desde Puerto Rico hasta la Amazonía peruana y Sudáfrica. Ha trabajado con tiburones, anfibios y reptiles, y actualmente investiga sistemas subterráneos como cuevas y cavernas, así como el impacto de las actividades humanas en zonas costeras y áreas protegidas.

También estudia cómo las especies invasoras afectan a las nativas y cómo las percepciones humanas influyen en todo ese proceso.

“Me interesa entender por qué en Puerto Rico le tenemos tanto miedo a las serpientes… de dónde viene eso”, explicó.

Porque para él, conservar no es solo proteger hábitats, sino transformar la manera en que pensamos sobre ellos.

La experiencia de campo sigue siendo una de las partes más significativas de su trabajo. “Estar ahí… eso es emocionante. Eso nunca deja de ser especial”, dijo.

Esa emoción es la misma que intenta transmitir fuera del campo. Como columnista en El Nuevo Día, ha abordado temas que conectan la ciencia con la vida diaria, desmontando mitos y acercando el conocimiento a públicos diversos. Su trabajo en comunicación le ha valido diversas oportunidades y reconocimientos, incluyendo el AAAS Mass Media Science & Engineering Fellowship, un programa altamente competitivo en Estados Unidos que selecciona a científicos para formarse en periodismo y comunicación pública.

Actualmente, como profesor asistente en la Universidad de Puerto Rico, combina la investigación con la enseñanza. Allí forma estudiantes y, sobre todo, les muestra que la ciencia no es un espacio ajeno.

Porque si hay algo que quiere dejar claro, es esto: “Lo que tenemos hay que conservarlo y preservarlo, incluso lo que no resulta atractivo. No importa si el animalito es ‘feito’, ‘rarito’… sigue siendo parte importante de lo que nos representa como identidad cultural”.

Mencionó al sapo concho, una especie en peligro de extinción que recientemente ha ganado visibilidad pública gracias al álbum “Debí tirar más fotos” de Bad Bunny. Reconoce el valor de que se hable más del tema, de que se eduque. Pero también advierte que hay muchas otras especies que siguen en riesgo sin recibir atención.

“En Puerto Rico hay especies que no existen en ningún otro lugar… sabemos bien poco de ellas. Y en cualquier momento se pueden perder”.

Por eso insiste en comunicar. En explicar. En traducir. Porque su historia no es solo la de un científico, sino la de alguien que, sin referentes claros, decidió abrirse camino. Y que hoy busca que otros, al verlo, entiendan que ese camino también puede ser suyo.

Hombre barbudo con linterna mira rana pálida colgando de rama, en la oscuridad de la noche.
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