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¿Cómo diferenciar entre un ataque de pánico y el trastorno de ansiedad generalizada?

Imagen de Roberto León Barriera
Debemos dejar a un lado los estigmas o las ideas erróneas sobre los trastornos de ansiedad y buscar ayuda de un profesional de la salud mental.

Todos nos hemos sentido ansiosos alguna vez.  Las presiones de la vida, el trabajo, los estudios y el dinero pueden causarnos ansiedad temporera.  Sin embargo, si esta ansiedad interfiere con tus actividades diarias y sientes que es algo que no puedes controlar, pudiera ser algo más que una simple preocupación.  El trastorno de ansiedad generalizada afecta a unas 6.8 millones de personas en los Estados Unidos y es más común en mujeres.  En Puerto Rico se estima que hasta un 25% de la población padece de este trastorno, según estimados de la Academia de Psiquiatría de Puerto Rico.  

El trastorno de ansiedad generalizada se caracteriza por una preocupación exagerada por cualquier situación como pueden ser la familia, dinero, enfermedad o el trabajo, entre otras.  Las personas que sufren de este trastorno nunca o rara vez dejan de estar preocupados.  También pueden presentar otros síntomas como temblores, incapacidad para relajarse, dificultad para concentrarse, sudoración, fatiga, dificultad para dormir, dolor de cabeza o sentimientos de catástrofe inevitable.  Es común que reconozcan que su preocupación es exagerada en comparación con la situación que enfrentan, pero no pueden controlarla.  La ansiedad que experimentan estas personas no va ligada a ninguna situación en particular, es decir, están preocupados todo el tiempo y por todo.  Para considerar el diagnóstico de este trastorno, la persona debe presentar estos síntomas de preocupación constante durante 6 meses o más. Ciertamente, los síntomas que causa este trastorno pudieran ser incapacitantes, por lo que es importante buscar ayuda de un experto en salud mental.

Aunque se sabe que tiende a ser heredado en las familias, no se sabe a ciencia cierta por qué ocurre.  Algunas teorías vinculan cambios en actividad de estructuras en el cerebro con el miedo y la ansiedad.  La amígdala es una estructura del cerebro en donde se procesa inicialmente la información percibida por los sentidos para luego ser transmitida a otras estructuras del cerebro.  Algunos estudios demuestran que la activación inapropiada de la amígdala pudiera estar relacionada con el desarrollo de trastornos de ansiedad debido a la respuesta exagerada a estímulos estresantes.  

Otro factor relacionado al desarrollo del trastorno de ansiedad generalizada es la liberación de la hormona cortisol.  El estrés causa la activación de una estructura del cerebro llamada el hipotálamo el cual, a su vez, activa la glándula pituitaria del cerebro a través de un mensajero químico conocido como hormona liberadora de corticotropina (CRH, por sus siglas en inglés).  Una vez activada, la pituitaria libera un mediador conocido como hormona adrenocorticotropa (ACTH, por sus siglas en inglés).  ACTH viaja a las glándulas adrenales, pequeñas glándulas productoras de hormonas que están encima de los riñones, a través del flujo sanguíneo causando la liberación de cortisol.  El cortisol entonces se distribuye a través del flujo sanguíneos a órganos y partes de nuestro cuerpo que nos ayudan a responder en situaciones de estrés, como por ejemplo al corazón, aumentando el pulso y por ende la distribución de sangre a tejidos y órganos.  

Toda esta cascada de activación de mensajeros y glándulas es regulada por la estructura del cerebro llamada el hipocampo.  El hipocampo suprime la liberación de CRH una vez el evento estimulante ha terminado inhibiendo así la secreción de cortisol y reduciendo la ansiedad.  Experimentos en animales demuestran que cuando los niveles de cortisol están muy altos, las células del hipocampo mueren, reduciendo así la habilidad del mismo para regular la respuesta al estrés y aumentando la ansiedad experimentada por el individuo.  

Estas teorías nos pueden ayudar a entender parte de lo que ocurre en los trastornos de ansiedad, sin embargo, ninguna puede explicar todo el problema. Todas las estructuras del cerebro reciben información de muchas otras partes del cerebro, por lo que es difícil saber exactamente qué es lo que está ocurriendo. Cabe mencionar que falta añadir los factores genéticos y del ambiente a esta explicación.

Un ataque de pánico puede verse en personas que tienen trastorno de ansiedad generalizada, aunque no es exclusivo de esta condición.  Un ataque de pánico se manifiesta como un miedo intenso que se desarrolla repentinamente y viene acompañado de síntomas físicos.  Puede haber sudoración, palpitaciones, dolor de pecho, visión borrosa, temblores e incapacidad de reaccionar.  Una persona una vez me describió sentirse que el corazón se le salía del pecho, no podía controlar sus emociones, a la vez que sabía que no había razón para sentirse así.  Muchas personas que lo sufren por primera vez llaman al 911, pensando que se trata de un ataque al corazón.  Al igual que con el trastorno de ansiedad generalizada, las causas no se conocen exactamente, pero sí se sabe que también tiende a ser hereditario.  Estos episodios pueden ocurrir en momentos de estrés intenso o situaciones traumáticas como una muerte, enfermedad, divorcio o pérdida del trabajo.

Existen ciertas condiciones que pueden aumentar la posibilidad de que el individuo padezca de ataques de pánico.  Por ejemplo, pacientes que tienen prolapso de la válvula mitral del corazón pudieran experimentar ataques de pánico debido a su condición.  En este caso, la válvula mitral, la cual sirve para impedir el retorno inadecuado de sangre hacia una de las cámaras del corazón no funciona correctamente.  Actualmente no se conoce por qué muchas de las personas con prolapso de la válvula mitral experimentan estos ataques de pánico.  Otras posibles causas de ataques de pánico relacionadas a condiciones de salud previas son los problemas con la glándula tiroides y el uso de drogas.

Es importante mencionar que hay varios tratamientos que pudieran ayudarte si sufre de alguna de estas condiciones.  Si sientes que tu ansiedad está interfiriendo con tu diario vivir, es importante que hables con tu médico.  Éste puede orientarte sobre los distintos tratamientos, que van desde terapia con un psicólogo hasta medicamentos.  Igualmente si has tenido un ataque de pánico, los profesionales de la salud mental cuentan con el conocimiento para ayudarte.  

Debemos dejar a un lado los estigmas o las ideas erróneas sobre los trastornos de ansiedad y buscar ayuda de un profesional de la salud mental.  No son pura “changuería”, como algunos dicen.  Ya discutimos como estos trastornos dependen de diversos factores y en algunos casos de respuestas muy complejas de nuestro cuerpo para lidiar con situaciones estresantes.  El problema surge cuando nuestro cuerpo no puede “apagar el interruptor” y seguimos reaccionando a todo lo que sucede a nuestro alrededor como si fueran situaciones de vida o muerte.  Pero existe la luz al final del túnel.  

Oriéntate con tu doctor y sugiérele una consulta con un profesional de la salud mental.  Éste puede ayudarte a controlar tus síntomas y manejar tu condición de manera efectiva, devolviéndote así la tranquilidad y mejorando tu calidad de vida.

Escrito por: Roberto León Barriera   Estudiante de la Escuela de Medicina del Recinto de Ciencias Médicas, Universidad de Puerto Rico.

Referencias

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