Puerto Rico y la nueva energía nuclear

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La fusión, la reacción que alimenta al sol, podría ofrecer una alternativa de energía limpia para Puerto Rico. Foto por Matthias Weinberger es una interpretación artística de cómo se vería la fusión nuclear.

Publicado originalmente en la sección de Opinión de El Nuevo Día, como parte de la colaboración entre CienciaPR y este medio.

Crecí en Jayuya, en el corazón de las montañas, donde los apagones eran parte de la vida — por días, semanas, meses. En las pasadas dos décadas, mi carrera en ingeniería me ha llevado desde la Universidad de Puerto Rico hasta la industria aeroespacial y hoy al sector de energía nuclear avanzada. Pero en ese mismo tiempo la realidad energética de Puerto Rico no ha cambiado lo suficiente.

Los números hablan por sí solos. Más del 97% de la electricidad de Puerto Rico proviene de combustibles fósiles, dejando a las familias expuestas a la volatilidad de los precios internacionales y pagando tarifas casi 90% por encima del promedio de los Estados Unidos. Cuando el Huracán María azotó a Puerto Rico en 2017, tomó más de 300 días — el apagón más largo en la historia de los Estados Unidos — restaurar la electricidad en el archipiélago.

Las energías renovables como la solar y la eólica son parte de la solución. Pero las fuentes intermitentes por sí solas no pueden sostener lo que está en juego. La manufactura farmacéutica representa aproximadamente el 30% del Producto Interno Bruto de Puerto Rico y el 30% de todos los empleos manufactureros. Dicha industria generó el 74% de las exportaciones totales en el año fiscal 2024. No puede darse el lujo de una red eléctrica poco confiable. Tampoco pueden los hospitales, las escuelas, ni los 3.2 millones de residentes del país. Puerto Rico necesita energía firme y limpia, disponible las veinticuatro horas, los siete días de la semana.

La energía nuclear avanzada puede ser esa fuente, si invertimos en ella. Dos caminos complementarios — la fisión y la fusión — pueden llevarnos allí.

La fisión avanzada, fuente de energía nuclear alrededor del mundo, ha generado electricidad confiable durante más de seis décadas. Los nuevos reactores modulares pequeños y microreactores son compactos, se hacen en fábricas y están diseñados con sistemas de seguridad pasiva que no requieren electricidad externa ni intervención humana. Para unas islas que pasaron casi un año a oscuras después de María, esa resiliencia no es un lujo, es una necesidad. Un microreactor podría proveer energía firme y predecible a comunidades, hospitales o instalaciones industriales, sin depender de cargamentos de combustibles fósiles cruzando el Caribe.

La fusión, la reacción que alimenta al sol, representa el próximo horizonte. En lugar de dividir átomos, los une, liberando grandes cantidades de energía sin residuos radiactivos de larga vida. Su combustible principal puede extraerse del agua. Una vez descartada como ciencia ficción, la fusión es hoy ingeniería en desarrollo activo.

Estas tecnologías son complementarias. Comparten materiales, desafíos de ingeniería y cadenas de suministro. Implementar la fisión hoy construye la base industrial y regulatoria que la fusión necesitará mañana. Para Puerto Rico, eso representa una ventana estratégica: actuar ahora con fisión avanzada mientras nos posicionamos para integrar la fusión cuando esté lista para el mercado.

El Proyecto de la Cámara 1092, actualmente en vistas públicas, propone integrar tecnologías nucleares al marco energético de la isla. Es un paso valiente y necesario — y uno importante de entender claramente: el proyecto no compromete a Puerto Rico a construir un reactor. PC 1092 abre la puerta a la investigación, a la preparación académica y a la evaluación informada de tecnologías que el mundo ya está desarrollando. Pero la legislación sola no basta. Necesitamos invertir en el talento puertorriqueño, en ingenieros como yo que harán posible esta transición. Necesitamos que el gobierno, el sector privado y los inversionistas trabajen juntos con una visión a largo plazo.

Salí de Jayuya hace muchos años. Siempre seré con mucho orgullo una jíbara del campo. Mi compromiso con Puerto Rico no es abstracto. Crecí en esos apagones. Puerto Rico merece energía firme, limpia y propia — energía que no dependa del precio de un barril de petróleo. La fisión nos ofrece un camino para desplegar. La fusión nos ofrece un camino para transformar. Puerto Rico puede, y debe, recorrer ambos.