Una versión de este escrito se publicó en la sección de Opinión de El Nuevo Día como parte de la colaboración entre CienciaPR y ese periódico.
En Puerto Rico, el cambio climático no es una amenaza lejana, sino una realidad cotidiana. Las temperaturas récord, las inundaciones y los huracanes más intensos, y el aumento del nivel del mar ya están afectando la salud y el bienestar de nuestras comunidades, especialmente las más marginadas.
Es necesario priorizar la educación y comunicación climática para estas poblaciones, que con frecuencia quedan fuera de los esfuerzos esenciales para que las personas puedan adaptarse a los impactos del cambio climático. Una de ellas es la Comunidad Sorda.
En Puerto Rico, esta población se estima en aproximadamente 200,000 personas. Históricamente, la Comunidad Sorda ha enfrentado múltiples barreras que contribuyen a mayores índices de desempleo, discriminación a lo largo de la vida y dificultades significativas para acceder a servicios esenciales como atención médica, en agencias gubernamentales y de seguridad pública. Estas desigualdades se agravan por la limitada disponibilidad de información accesible en las escuelas, los medios de comunicación y otros espacios, en donde rara vez se incluyen intérpretes de lengua de señas, subtítulos adecuados o formatos alineados con sus necesidades.
Estas brechas se profundizan en el contexto del cambio climático. La educación climática escasamente considera las realidades lingüísticas, culturales y sociales de la Comunidad Sorda, incluyendo la naturaleza visual de la lengua de señas.
Para comprender mejor las necesidades de comunicación climática de la Comunidad Sorda, Ciencia Puerto Rico (CienciaPR) organizó una sesión de escucha con líderes de la comunidad en noviembre de 2025.
En este espacio, los participantes señalaron que la exposición de los Sordos a información sobre el cambio climático ha sido, en muchos casos, limitada y superficial. A menudo, reciben mensajes genéricos sobre el tema, sin explicaciones claras sobre cómo ocurre, por qué sucede o cuáles son sus manifestaciones específicas en Puerto Rico. Estas deficiencias limitan su capacidad para prepararse, responder y adaptarse ante eventos climáticos.
Los líderes sordos enfatizaron que la información climática debe comunicarse de manera predominantemente visual, reconociendo que no todas las personas Sordas tienen el mismo nivel de acceso a la lectura. Por ejemplo, sugirieron que la televisión local debe usar interpretación en lengua de señas. Además, enfatizaron el valor de las actividades presenciales en espacios donde la comunidad sorda ya se reúne. Asimismo, destacaron la importancia de desarrollar contenido que explique el origen y la evolución del cambio climático de forma clara y progresiva, conectando distintos conceptos para facilitar una comprensión de los diversos temas.
Es imperativo que los científicos climáticos, la clase política, y todos aquellos responsables de implementar iniciativas climáticas presten atención a la Comunidad Sorda. El Plan de Mitigación, Adaptación y Resiliencia al Cambio Climático, un marco estratégico para fortalecer la resiliencia del país ante el cambio climático, no atiende de forma explícita a la Comunidad Sorda. Tanto la implementación de este Plan—que aún no ha sido atendido por el Gobierno—como la inclusión de la Comunidad Sorda en estos esfuerzos son urgentes para el país.
Si aspiramos a una respuesta verdaderamente inclusiva, es imprescindible integrar de manera consistente la lengua de señas y la comunicación visual en comunicados oficiales, campañas educativas y alertas de emergencia. Pero la inclusión no se logra solo adaptando mensajes, requiere transformar procesos. Implica colaborar con líderes y organizaciones de la comunidad sorda para garantizar su participación activa en los esfuerzos de preparación, adaptación y respuesta.
Accede el informe: El cambio climático y la Comunidad Sorda en Puerto Rico.
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