Boricua lucha por los pacientes de VIH del Caribe y América Latina

Este artículo es reproducido por CienciaPR con permiso de la fuente original.

Contribución de CienciaPR: 

No

Por: 

Jessica Ríos Viner
Carlo André Oliveras Rodríguez se dedica a abogar ante comités internacionales por los derechos de los pacientes de VIH y Sida. (Jessica Ríos Viner)

Su vida cambió cuando tenía 16 años y viajó desde Puerto Rico con un grupo de jóvenes misioneros de su colegio para dar tutorías de inglés a niños en Guatemala.

La exposición que Carlo André Oliveras Rodríguez tuvo a la pobreza y la necesidad por la que pasan tantas comunidades de América Latina estremeció su espíritu activista.

El joven pernoctó con una familia de cinco integrantes en cuya casa solo había un fogón y una pequeña cosecha de maíz.  “Yo veía la felicidad que tenía la gente allí con que nosotros estuviéramos ayudándolos. Para mí fue un ‘jamaqueón’”, recordó el estudiante de maestría en Salud Pública.

Fueron estas vivencias las que despertaron en el joven de 25 años la necesidad de luchar por las comunidades marginadas, no solo en Puerto Rico sino en el resto del Caribe y de América Latina.

“La experiencia fue bien fuerte. Me acuerdo que yo llegué de Guatemala insoportable. Botaban una lasca de pan y a mí me daba un ataque. Eso me movió mucha fibra, tanta que aproveché y salí del clóset”, contó sobre los incidentes que trastocaron su vida de tal manera que lo llevaron a revelarles a sus padres que era homosexual.

“Mis papás lo que tenían era el miedo a la burla, al ataque y al discrimen”, mencionó y destacó que ahora tanto sus padres como sus hermanos han sido un gran apoyo en muchas instancias de su crecimiento.

A Oliveras Rodríguez no le gusta que lo llamen activista, aunque así se describe su labor. El joven se dedica a abogar ante comités internacionales por los derechos de los pacientes de VIH y Sida, así como el acceso a tratamientos y derecho a la salud de las comunidades marginadas.

“Yo sentía este llamado, que al principio pensé que era un llamado religioso. Pero después me di cuenta que no, que era un llamado a hacer algo”, narró.

“Bien verbal en la situación puertorriqueña”

Cuando habla de llamado, no es poesía. Además de ser voluntario en seis organizaciones sin fines de lucro, el joven trabaja como Coordinador de Incidencia para América Latina y el Caribe en el International Treatment Prepeardness Coalition (ITPC) de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Se trata de una entidad de activistas que se fundó en el 2003 con el fin de empujar a farmacéuticas y organismos internacionales a proveer tratamiento accesible para todo el mundo.

Como parte de su trabajo le toca abogar, frente a la OMS y la Organización de las Naciones Unidas, por los problemas de acceso a tratamiento que enfrentan miles de pacientes de VIH.

“Antes solo los países del norte tenían acceso a tratamientos, los países del sur o no tenían o era carísimo. Nos toca trabajar con las comunidades para que los reclamos sean escuchados. Vamos a proveer apoyo, recopilar datos y hacer trabajo comunitario”, detalló.

Oliveras Rodríguez reveló que ha enfrentado resistencia durante sus ponencias ante los líderes de estos importantes organismos internacionales por ser puertorriqueño.

“Como Puerto Rico es parte de los Estados Unidos, no tiene representación fija en ningún organismo internacional. Yo soy como este ser extraño que de momento llega a hacer lucha a nivel del Caribe y América Latina como puertorriqueño, en un organismo que no tiene una silla para Puerto Rico”, relató.

Ante esto, el joven se asegura de aprovechar la plataforma para denunciar y discutir la situación política de la Isla y la manera en que estamos excluidos de la discusión internacional.

“Es imposible que yo esté en esa silla y no hable de los problemas que enfrenta mi país”, resaltó. “La misión es visibilidad. He sido bien verbal en la situación puertorriqueña con respecto a la colonia. Ahora mismo, por ejemplo, la ONU está estableciendo cuáles van a ser las metas a nivel mundial y nosotros no estamos ni por los centros espiritistas porque nos incluyen dentro del plan de Estados Unidos”, lamentó.

Estigma, miedos y rechazo

El activismo de Oliveras Rodríguez comenzó de adolescente, cuando empezó a trabajar en el Puerto Rico Community Network for Clinical Research on Aids (Concra), una de las organizaciones más antiguas dedicadas a ayudar a pacientes de VIH y Sida en la Isla. Su labor constaba de realizar y entregar pruebas de VIH. 

“Cuando empecé en Puerto Rico, Concra todo se me hizo claro y empecé a estudiar psicología. Yo quería estar a la disposición de mi comunidad y de mis pares y me dieron la oportunidad a los 18 años. Fue fuerte para mis padres porque ellos no querían que trabajara y estudiara”, rememoró.

Además, hacía consejería en un programa comunitario para jóvenes homosexuales. El joven contó que su experiencia, al revelarle a sus padres su homosexualidad, lo ayudó a comunicarse con muchachos que estaban pasando por situaciones peores a las que él enfrentó. 

“Me ayudó a bregar con los jóvenes que no tenían ese apoyo que yo tenía en mi casa, y me hizo poder exponerlos a temas fuertes a los que ellos no estaban expuestos para que pudieran tomar las decisiones correctas, informados”, explicó.

Fue así como, mientras los jóvenes de su edad salían a disfrutar con sus amistades, Oliveras Rodríguez llegaba a los diferentes negocios del área metropolitana en el que se reunían hombres gay a repartir condones y realizar pruebas orales de VIH.

“Después de trabajar siete años con jóvenes con VIH, todavía se me hace bien duro entregar un resultado positivo. Yo decía cómo es posible que nosotros sigamos trabajando y estos resultados sigan. Yo salía de dejar a la persona directo a la oficina de la directora a llorar. Porque es inevitable que tú veas jóvenes igual que tú, en las mismas dinámicas, con los mismos miedos y problemas y que un día se fueron a hacer una prueba de VIH y salieron positivo”.

Su trabajo lo ayudó a entender el nivel de rechazo y sufrimiento con el que viven muchos pacientes de VIH ya que, al trabajar en Concra, las personas pensaban automáticamente que él también tenía la enfermedad.

“Mi papá estuvo tres años pensando que yo era VIH positivo y no le había dicho nada. Veía a personas que le decían a mi pareja: ‘cuídate de ese nene que vive con VIH’. Las personas por redes sociales me escribían ‘puercás’. Una vez publicaron en una página web fotos de personas que tenían VIH y se coló una foto mía”, relató.

Reconoce que su trabajo no le permite dedicarle más tiempo a las luchas locales, por lo que trata de mantenerse activo en diferentes organizaciones. Las entidades con las que colabora son: Taller Salud en Loíza, el Comité Amplio para la Búsqueda de la Equidad (CABE), la Red de Jóvenes Positivos de América Latina y el Caribe, la Junta de Directores de Puerto Rico Concra, la Junta del HIV Young Leaders Fund y el Comité de Asesoría del Profilaxis pre-Exposición (PrEP) de la OMS.

Tags: 

Categorías de Contenido: