Polvo del Sahara llega antes, con mayor frecuencia y permanece más tiempo en Puerto Rico: ¿qué implica?

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Polvo del Sahara en la cuenca del océano Atlántico el 22 de julio 2026. Imagen capturada del Instituto Cooperativo de Estudios de Satélites Meteorológicos de la Universidad de Wisconsin-Madison. (Captura)

Si percibe que el polvo del Sahara está presente todo el año en Puerto Rico, cuando antes era solo durante el verano, sepa que está en lo correcto. Ahora, estas masas de aire caliente –cargadas de micropartículas de arena y minerales del desierto africano– llegan antes, con mayor frecuencia y permanecen más tiempo sobre el archipiélago, y los números lo confirman.

En 2026, tan solo entre el 27 de marzo y el 9 de julio, llegaron seis nubes grandes de polvo y hay más pronosticadas, incluyendo una este fin de semana que acaba de concluir.

Este cambio en patrón incide, por lo tanto, en un alza en enfermedades respiratorias e inflamatorias, tanto entre personas vulnerables como sanas.

“Ya no hablamos de eventos aislados. Estamos viendo temporadas más largas, tempranas y frecuentes”, sostuvo la doctora Natasha de León Rodríguez, microbióloga ambiental del Fideicomiso para Ciencia, Tecnología e Investigación.

“Pensamos que el evento termina cuando el cielo vuelve a verse azul, pero las partículas finas permanecen varios días en la atmósfera”, advirtió.

Esas partículas finas miden entre 2.5 y 5 micrómetros –aproximadamente 1,000 veces más pequeñas que un grano de arroz– y pueden penetrar hasta los bronquiolos (vías aéreas pequeñas). Mientras, las de mayor tamaño irritan la nariz, garganta y ojos.

Actualmente, científicos puertorriqueños investigan cómo esta exposición prolongada afecta el cuerpo humano, desde el sistema respiratorio hasta los microorganismos que viven naturalmente en la nariz, boca y pulmones.

Aunque falta descifrar el motivo exacto del cambio en patrón, expertos coinciden en que puede deberse a alteraciones en los vientos atmosféricos, más sequías en el continente africano y el fenómeno El Niño.

Impacto en la salud respiratoria

“Cada año, en invierno, predominan las infecciones virales. Pero, cuando comienza la temporada seca y llegan estas nubes de polvo, aumentan los casos severos de alergias, asma y otras condiciones respiratorias”, indicó, por su parte, el doctor Wilfredo de Jesús, neumólogo pediátrico y catedrático de la Ponce Health Sciences University.

Recalcó que los niños, adultos mayores, embarazadas y personas con enfermedades respiratorias son los grupos de mayor riesgo.

“Un punto importante es que estas partículas afectan los extremos de la vida. En los niños menores de 5 años, sus vías aéreas son más pequeñas y se inflaman más rápido. Por otra parte, los envejecientes pueden tener otras condiciones que los exponen más”, explicó.

Alertó, no obstante, que personas previamente sanas también pueden desarrollar tos seca, irritación ocular, congestión o sinusitis durante estos episodios de polvo.

En su laboratorio, De Jesús desarrolla modelos con células del epitelio respiratorio para entender cómo estas partículas desencadenan inflamación y alteran el funcionamiento de los pulmones.

“Hemos visto que los cilios no dan abasto con el polvo y que el particulado se queda en el fondo de la laminilla. Eso implica que el particulado fino puede quedarse atascado en los pulmones”, ilustró, tras comentar que, al momento, está expandiendo el proyecto con una “nariz artificial” para desarrollar intervenciones que minimicen síntomas respiratorios a largo plazo.

Ni más bacterias ni más hongos

Aunque el polvo del Sahara suele asociarse con microorganismos –como bacterias y hongos– transportados desde África, los estudios realizados en Puerto Rico cuentan una historia distinta.

Desde 2023, el laboratorio de De León Rodríguez ha secuenciado el ADN de bacterias presentes en el aire de San Juan durante días con y sin polvo del Sahara. Los resultados, hasta ahora, muestran que la composición bacteriana del aire cambia muy poco.

“Puede llegar algún microorganismo particular, pero, en términos generales, no vemos diferencias importantes en la composición del microbioma atmosférico”, señaló la microbióloga.

Algo similar ocurre con los hongos.

El doctor Benjamín Bolaños, catedrático del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico, lleva más de dos décadas monitoreando esporas de hongos en la isla, y uno de los mitos que más frecuentemente escucha es que las nubes del Sahara traen grandes cantidades de hongos.

“No es así. El polvo seca el ambiente y, cuando baja la humedad, los hongos liberan menos esporas”, explicó.

Durante recientes eventos de polvo, su estación de monitoreo, en San Juan, registró apenas 300 esporas por metro cúbico de aire, muy por debajo del promedio diario, cercano a 35,000.

“En Puerto Rico, los niveles de alerta roja comienzan en las 110,000 esporas. El problema que trae el polvo de Sahara no son hongos, sino arena, cenizas u otros contaminantes”, expuso.

Por ejemplo, un día después del incendio forestal en la Finca Juan Pérez, en Carolina, el 6 de julio, Bolaños observó particulado de cenizas en su estación de muestreo, en la azotea de Ciencias Médicas, a más de siete millas de distancia.

“Estas partículas viajan más de lo que pensamos, y es un problema porque ambas (cenizas y polvo) son nocivas a la salud”, dijo el investigador, cuyo monitoreo ayuda a pacientes con asma y alergias a protegerse.

La red de monitoreo comenzó en San Juan, expandió a Caguas y este año incorporó una estación en Mayagüez. La meta de Bolaños es añadir una en Ponce antes de fin de año.

Exige nuevas investigaciones

Para los expertos consultados, la discusión ya no gira únicamente sobre qué arrastra el polvo del Sahara, sino qué ocurre cuando una población permanece expuesta más tiempo y con mayor frecuencia que hace apenas una década.

“Estamos entrando en un escenario ambiental distinto”, señaló De León Rodríguez. “Necesitamos entender cómo esa exposición prolongada puede influir sobre la salud humana, no solo a nivel respiratorio, sino también en procesos biológicos que apenas comenzamos a estudiar”.

En el ínterin, De Jesús recomendó limitar las actividades al aire libre durante episodios intensos, utilizar purificadores de aire y mascarillas cuando sea posible, mantenerse hidratado y seguir los tratamientos para el asma y las alergias.

El consenso entre los investigadores es que el polvo del Sahara podría tener un impacto que va mucho más allá de la irritación respiratoria tradicionalmente asociada a estos eventos. Por ende, dijeron, comprender cómo las partículas suspendidas interactúan con el cuerpo entero representa camino fértil para la investigación en salud ambiental en Puerto Rico.

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