Puerto Rico y el verde de París: la historia olvidada de un pesticida controvertido

Wilson Gonzalez-Espada

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El verde de París también se aerosolizaba con unas máquinas especiales para controlar los mosquitos del género “Anopheles”, vectores del parásito que produce la malaria. (Suministrada)

Los pesticidas sintéticos han sido una herramienta controversial en la agricultura a gran escala. Un ejemplo de estos pesticidas es el verde de París (acetoarsenito de cobre o arsénico de cobre), un compuesto químico arenoso de color verde esmeralda. No tiene olor ni sabor, pero, si se ingiere o inhala, libera arsénico, un poderoso veneno.

El uso del verde de París en Puerto Rico y otros países en la primera mitad del siglo XX es un claro ejemplo de la tensión entre una productividad agrícola libre de plagas y los efectos de los agroquímicos en la salud y el medioambiente.

Antes de que se supiera lo tóxico que era, el verde de París se usó como pigmento en juguetes, velas, telas, cubiertas de libros, cajas, tarjetas y papel tapiz. Eventualmente, los casos de envenenamiento se aceleraron, creando un problema de salud pública.

Los primeros anuncios comerciales para este compuesto aparecieron en agosto de 1919 en el periódico El Mundo. El pesticida combatió las changas (Scapteriscus vicinus), las larvas de escarabajo, los grillos y otros insectos que afectaban la caña de azúcar y el tabaco.

El verde de París también se aerosolizaba con unas máquinas especiales para controlar los mosquitos del género Anopheles, vectores del parásito que produce la malaria. La nube de pesticida se rociaba en estanques, pantanos y otros cuerpos de agua estancada.

Los efectos en la salud de los campesinos no tardaron en aparecer. El verde de París se aplicaba sin ningún tipo de ropa especial, guantes o mascarilla, exponiendo a la gente al contacto por la piel y a respirarlo. La lluvia arrastraba el pesticida a quebradas, ríos, acuíferos subterráneos y otras fuentes de agua potable. La desesperación y la pobreza de esos tiempos hizo al verde de París el protagonista de miles de envenenamientos accidentales y suicidios entre 1920 y 1950.

El medioambiente también se afectó. Al comerse los insectos muertos, las aves se envenenaban. Reportes periodísticos de la época lamentaban lo silencioso que estaban los bosques debido a la baja abundancia de aves como el pitirre.

Desafortunadamente, los efectos ambientales y a la salud de los agroquímicos no terminó cuando el verde de París cayó en desuso. Casos como el de los insecticidas diclorodifeniltricloroetano (DDT) y endosulfán, y los herbicidas glifosato (Roundup) y dicloruro de paraquat, son un sobrio recordatorio de lo lejos que luce alcanzar prácticas agrícolas éticas y sostenibles para todos.

La investigación sobre el uso y abuso del verde de París en la agricultura de caña y tabaco en Puerto Rico es parte de un innovador proyecto que integra las humanidades y las tecnologías digitales para rescatar historias olvidadas o intencionalmente borradas para proveer al público una experiencia de aprendizaje accesible, relevante e interactiva.

La colección “Caguas: Historia y Cultura” es un recurso educativo audiovisual que recoge y hace disponibles documentos, fotos y mapas de Caguas provenientes de archivos y bibliotecas locales y de Estados Unidos. Esta iniciativa dentro de las humanidades digitales también explora la fundación del pueblo de Caguas, la esclavización de los indígenas, el apoderamiento de la tierra y las historias orales de los residentes más antiguos del casco urbano.

“Caguas: Historia y Cultura” fue liderada por los doctores cagüeños Rosa Elena Carrasquillo, de la Universidad Holy Cross, en Massachusetts, y José O. Solá, catedrático asociado en Historia, en colaboración con este servidor. El portal está disponible en este enlace.

“Este recurso visibiliza historias olvidadas o borradas de activistas y radicales cagüeños, así como los efectos ambientales de la agricultura comercial. Es un ejemplo del trabajo interdisciplinario que presenta nuevas respuestas a problemas históricos. Nuestra meta es que cada estudiante y educador tenga acceso libre y gratuito al estudio de la historia”, afirmó la doctora Carrasquillo.

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El autor es catedrático en Física y Educación Científica en Morehead State University, Kentucky, y miembro de Ciencia Puerto Rico (www.cienciapr.org).

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