Cuatro lecciones comunitarias sobre el cambio climático

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Una de las consecuencias del cambio climático son los huracanes más intensos, como el huracán María (U.S. Customs and Border Protection photo by Kris Grogan).

Esta columna se publicó en la sección de Opinión de El Nuevo Día como parte de la colaboración entre CienciaPR y ese periódico. Lee los informes de las sesiones de escucha con líderes comunitarios en Puerto Rico y con líderes de la Comunidad Sorda.

Casi al finalizar abril, Mes del Planeta Tierra, reflexiono sobre conversaciones con líderes de comunidades diversas en Puerto Rico, surgidas en un foro convocado por la organización sin fines de lucro CienciaPR para comprender cómo experimentan y responden a los efectos del cambio climático. Considero importante destacar algunas lecciones.

Primero, hay que desmenuzar el cambio climático y sus consecuencias visibles en nuestro día a día. No es solo hablar de altas temperaturas, inundaciones, intensificación de huracanes, aumento del nivel del mar y propagación de enfermedades como el dengue. Es urgente ajustar nuestras respuestas como país para proteger a todas nuestras comunidades, incluyendo a aquellas marginadas que son afectadas desproporcionadamente.

En las conversaciones, muchos líderes expresaron frustración ante la inacción gubernamental, lo que para ellos representa un obstáculo en su capacidad de adaptarse pues la información está desconectada de sus realidades. Por ejemplo, identificaron como inaceptable la recomendación de depender del aire acondicionado para aliviarse del calor extremo, cuando vivimos con una red eléctrica poco confiable y costosa.

Para más de una docena de líderes comunitarios, el calor extremo fue señalado como la preocupación más urgente. Esto no me sorprendió. Sin embargo, sus perspectivas recalcan la segunda lección: el calor extremo no afecta a todos por igual. Las personas mayores y las gestantes, ciudadanos que padecen condiciones crónicas y hogares sin electricidad confiable enfrentan los riesgos más altos. Estos se vinculan, principalmente, a problemas cardiovasculares, respiratorios, enfermedades renales y complicaciones en el embarazo. Por tanto, los mensajes de prevención no pueden ser generales. Tiene que ser específicos.

La tercera lección está ligada a la necesidad de considerar dos consecuencias desatendidas en la prevención del calor extremo: la relación con la salud mental y la inseguridad alimentaria.

Algunos líderes comentaron que el calor extremo fractura la vida comunitaria, empujando a las personas a permanecer en interiores y aislarse, agravando la sensación de abandono. También señalaron que el cambio climático y el calor extremo afectan la producción agrícola y la disponibilidad de productos en los supermercados y mercados. No he visto conversaciones abiertas de parte del gobierno sobre estos efectos y cómo mitigarlos. La mayoría de las discusiones principalmente son convocadas por organizaciones, líderes y lideresas comunitarias.

Como es de esperarse, múltiples comunidades han desarrollado estrategias para proteger a las personas vulnerables, especialmente niños y personas mayores, aprovechando recursos locales como ríos, playas y alimentos puertorriqueños como frutas para proporcionar alivio práctico.

Muchos líderes tienen una visión de espacios gestionados por la propia comunidad, con paneles solares, infraestructura de enfriamiento y recursos alimentarios. Estos esfuerzos forman parte de la larga historia de resiliencia comunitaria en Puerto Rico, donde el conocimiento local, las prácticas culturales y el apoyo mutuo, más que estrategias de supervivencia, son actos de autodeterminación.

Nuestras respuestas como país al cambio climático exigen perspectivas multidisciplinarias, no solo científicas, sino también comunitarias, que nos ayuden a ofrecer una educación más certera, vinculada a acciones preventivas que puedan proteger a todos. Esa es la cuarta lección: es necesario incluir a los líderes y lideresas comunitarias en las conversaciones y prestar atención a lo que dicen.

Ellos y ellas son quienes llenan los vacíos del frágil sistema que tenemos. Hemos visto su función, desde la coordinación de respuestas durante huracanes hasta organizar esfuerzos de educación en salud y crear soluciones adaptadas a las necesidades reales de sus vecinos.

En CienciaPR, creemos que la comunicación científica y la educación en salud pública son más efectivas cuando se nutren de la experiencia, el conocimiento y el liderazgo de las comunidades. La ciencia climática debe estar centrada en la comunidad.