Equipo liderado por mujeres convierte cáscaras de plátano en alternativa al plástico tradicional

CienciaPR

Por -

Este verano, se proyecta desarrollar el primer prototipo de bolsas plásticas biodegradables, a partir del material desarrollado con cáscaras de plátano. (Xavier Araújo)

Todo plato típico puertorriqueño contiene un ingrediente esencial: plátano. Históricamente, según las Estadísticas e Índice de Producción Agrícola de Puerto Rico, esta fruta tropical se ha mantenido entre los alimentos de mayor consumo en el archipiélago.

Ante esta realidad, sin embargo, surge la pregunta de qué hacer con las cáscaras y su disposición adecuada, por la capacidad limitada de los vertederos y las escasas opciones de reciclaje o compostaje.

Durante su tesis de maestría, la profesora de Química Yérika Febus propuso una solución, con la meta de reducir la producción y uso de bolsas plásticas, al igual que de plásticos de un solo uso, como cubiertos, platos y sorbetos.

¿Cómo? Inicialmente, creó una mezcla compuesta por tres cáscaras de plátano, agua, almidón, glicerol y un componente ácido, que genera un plástico biodegradable que no deja residuos tóxicos.

“Mucha gente piensa que, por ser cáscara de plátano, se descompone fácilmente y que no son una problemática. Pero el 35% de los desperdicios orgánicos van a los vertederos y ocupan espacio, y eso se tarda en descomponerse. Los plásticos convencionales tardan miles de años en descomponerse. De ahí surge la idea de poder recolectar algo que sabemos que es el plato principal de los boricuas. Muchos restaurantes aquí producen mofongo y tostones, pero el residuo, ¿a dónde va? Muchos de estos residuos se colocan en bolsas plásticas que terminan en los vertederos”, explicó Febus, mentora de la investigación hace dos años.

Actualmente, la Legislatura tiene ante su consideración el Proyecto del Senado 900, que eliminaría restricciones sobre plásticos de un solo uso en Puerto Rico. Diversas voces han advertido que la medida supone un retroceso en política pública sobre manejo de residuos sólidos, ya que levantar las restricciones no resuelve el problema de acumulación de desperdicios, sino que queda sin regulación.

En este escenario, afirmó Febus, impulsar alternativas como plásticos biodegradables podría ayudar a mitigar el impacto ambiental de los vertederos y plásticos en el país.

Progreso en la investigación

Este semestre, el proyecto dio un giro cuando el equipo de investigación, compuesto por seis estudiantes subgraduadas de la Universidad del Sagrado Corazón, decidió incluir el ingrediente que completaría la mezcla ideal para optimizar la durabilidad y flexibilidad del producto: cera de abeja.

“Nuestro plástico es original de Puerto Rico. Es hecho aquí e investigado por mujeres puertorriqueñas. El uso del plátano como componente principal en nuestro plástico nos diferencia de otros plásticos”, expresó una de las alumnas integrantes, Yadielis González Muñiz, quien cursa su cuarto año de bachillerato en Ciencias Biomédicas.

Para crear el bioplástico, primero, se pican tres cáscaras de plátano en trozos pequeños y se hierven hasta que estén blandas; luego, se prepara y calienta una mezcla de polisacáridos con glicerol. Las cáscaras hervidas se licúan hasta formar una pasta, que se incorpora a la mezcla caliente, integrando todos los componentes.

Después, se añade la cera de abeja, mezclando rápidamente a temperatura ambiente hasta que se disuelva por completo. Finalmente, la mezcla se vierte en un molde y se deja secar hasta que se solidifique.

Gracias al uso de cera de abeja como aditivo, el bioplástico mostró mejoría en su elasticidad, cohesión y estabilidad, con una mayor resistencia al agua. A partir de pruebas en las que las muestras se sumergieron semanalmente en agua destilada y potable, se observó una pérdida de peso con el paso del tiempo.

Durante un estudio de siete semanas, el bioplástico perdió hasta un 75% de su masa inicial. En función de los resultados, se ajustó la cantidad de cera añadida para evaluar su efecto en la biodegradación, confirmándose una influencia significativa: las muestras con 0.5 gramos de cera perdieron cerca de un 60% de su peso entre las semanas cuatro y cinco, mientras que las de 2 gramos mostraron una reducción menor, alrededor del 40%.

“Lo que buscamos es que el consumidor pueda comprar una bolsa (de bioplástico) y, cuando decida deshacerse de ella, pueda colocarla en condiciones accesibles para que se biodegrade”, explicó, en tanto, Febus.

Mirada a largo plazo

Como parte de un avance multidisciplinario de la investigación, y en colaboración con Aurorisa Mateo, líder académica de Diseño y Cultura Visual en Sagrado, este verano se proyecta desarrollar el primer prototipo de bolsas plásticas biodegradables.

“Le presentamos una muestra del bioplástico y se evaluó que, probablemente, resiste la costura. A veces, pensamos que la ciencia es solo ciencia, pero también es arte”, detalló Febus.

Además de producir productos ecoamigables, el equipo espera educar al público sobre la importancia de reducir el uso de los plásticos.

“Esta investigación ha sido una oportunidad para educar. Porque este conocimiento va mucho más allá del ámbito de clases. Es algo práctico que puede causar una innovación o un cambio para aumentar el apoyo al ecosistema”, expresó Camila Colón Amaro, estudiante integrante en su bachillerato de Ciencias Biomédicas.

Las otras integrantes del equipo –Ariana Rodríguez Durán, Caliaris Colón Martínez, Génesis Gómez Vázquez y Jaimarie Nazario Reyes– resaltaron, por su parte, que el proyecto las ha concientizado sobre su uso del plástico.

Español
Average: 5 (1 vote)