Tesoro en el corazón de Ciales

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Por Sandra J. Kuilan Torres / skuilan@elnuevodia.com endi.com CIALES - Dice un refrán popular que “para graduarse de cialeño hay que subir a las Archillas”. Y no es para menos, ya que para llegar a esta cueva hay que caminar por un sendero empinado y rocoso, pero que al final ofrece una recompensa sin igual: una vista espectacular de la zona del Manatuabón, de la región montañosa y parte del municipio de Ciales. La Cueva de las Archillas está localizada al este de Ciales, entre los farallones y los sumideros del barrio Jaguas Ventana. El sistema de tres bóvedas conserva algunos petroglifos o grabados rupestres. El arqueólogo Ovidio Dávila hizo estudios allí que llevaron a descubrir material asociado a los indios arcaicos. Pero según el arqueólogo Carlos Ayes Suárez, que acompañó a El Nuevo Día en la expedición, “el lugar también fue usado por los taínos, posiblemente como refugio”. Esta cueva debe su nombre al apellido de las antiguas propietarias del terreno, conocidas como las Hermanas Archilla. Actualmente pertenece a esa sucesión, pero dado su valor histórico y cultural, el alcalde Luis R. Maldonado Rodríguez está decidido a adquirirla para hacer un desarrollo turístico. Una vista espectacular La aparente entrada principal de la cueva es amplia y en medio techo arqueado, con una enorme estalactita. Después hay que agacharse para poder atravesar el pasillo que conduce al segundo salón, que es mucho más alto y amplio que el anterior. Allí, una población relativamente pequeña de murciélagos se espantó al ser alumbrada con las linternas, mientras en el suelo quedaban grabadas nuestras huellas en la mezcla de guano y semillas. Pero hubo una época -a principios del siglo XX- en que la población de estos mamíferos era tan significativa que la cueva se usó para la extracción de guano, que se usaba como fertilizante. En medio de la segunda cámara hay una salida amplia y por el otro lado un pasillo lleno de estalactitas y huecos que albergan a los murciélagos, que una vez más se agitan con la presencia de los visitantes. Ese pasillo es más alto que el primero y conduce a una tercera cámara. Allí hay más formaciones rocosas y al final, tras la vegetación en su amplia salida, la Cueva de las Archillas sorprende con la vista espectacular al interior montañoso, parte del pueblo cialeño y del Río Grande de Manatí. Huellas históricas Aunque se sabe que los primeros estudios de la cueva datan de 1890 -realizados por el etnógrafo francés Alphonse L. Pinart-, otros estudiosos de estos sistemas naturales han explorado la región y han hecho descubrimientos interesantes, como fragmentos de cerámica y la suposición de que los taínos usaban la cueva para llevar a cabo ritos, como informó Ayes Suárez en un documento que produjo en 1996. Este arqueólogo reveló también el uso del silex como materia prima para la talla de herramientas. Ayes Suárez también documentó que en 1914 el Ejército de Estados Unidos publicó un mapa topográfico de la Isla en el cual subraya la existencia de cuevas en Ciales. Cerca de las Archillas hay otras cuevas que merecen ser conocidas por la riqueza natural que ofrecen. A excepción de la flora silvestre y de los insectos que comúnmente habitan en las regiones montañosas, cientos de tonalidades de verde dominan la escena y sólo se escucha el canto de las aves y las voces de los visitantes.