MS/HS. Interdependent Relationships in Ecosystems

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Cógelo con pinzas

Contribución de CienciaPR: 
No

Las deficiencias en el diseño, la ejecución y el análisis de los estudios científicos; y la proliferación de casos de conflicto de intereses entre los investigadores, las universidades y los hospitales universitarios, entre otras cosas hacen que muchas veces la información que nos llega sobre los resultados de estudios científicos sea confusa.

Un ‘demonio’ en peligro

Contribución de CienciaPR: 
No

Bajo las enormes rocas de granito en las montañas de la zona sureste de la Isla, la canción del diminuto anfibio, el Coquí Guajón, retumbaba entre las paredes de la caverna. Nadie veía de donde provenía el canto poseído del “demonio de Puerto Rico”. Nadie se atrevía a averiguarlo. Pero ya los habitantes del área saben que es sólo un coquí de apenas dos pulgadas de largo el que los mantenía alejados. Ya no le temen. Y sin cuidado los desarrolladores y los vecinos del área dejan llegar basura y contaminación a su santuario. Estas catedrales de piedra son el único lugar de Puerto Rico donde canta, vive y se reproduce el Coquí Guajón, y hasta el momento, se han designado aproximadamente unas 268 cuerdas de terreno para ser protegidas entre los pueblos de San Lorenzo, Yabucoa, Maunabo y otros pueblos.

Ciénaga secreta

Contribución de CienciaPR: 
No

La Laguna Secreta es un refugio para las garzas y los patos de Alaska, Canadá y otras partes de América del Norte que hacen una larga travesía para llegar y compartir este “resort invernal” con las especies locales. Irónicamente, lo que es hoy un hábitat para un ecosistema diverso y único era sólo un lodazal antes de la intervención humana. Mientras se dragaba la entrada de la Bahía de San Juan se creó un dique para alojar el terreno que se removía de la bahía, dejando así una depresión profunda. Con el tiempo, el agua dulce de las quebradas llenó la laguna y naturalmente se convirtió en un humedal.

Exclusivo salto del Coquí Llanero

Contribución de CienciaPR: 
No

El Coquí Llanero ya tiene identidad propia. De ahora en adelante este anfibio se conoce como Eleutherodactylus juanariveroi en honor a Juan A. Rivero, puertorriqueño distinguido por dedicarse al estudio de los anfibios. Sin embargo el Coquí Llanero necesita más que un nombre propio para sobrevivir. Aunque sus números son escasos y vive en el hábitat más pequeño de cualquier coquí -un pequeño humedal en Toa Baja- no ha sido protegido adecuadamente.

Mueren de hambre los robles nativos

Contribución de CienciaPR: 
No

Hace aproximadamente un año se comenzó a encontrar en los robles nativos de la Isla un deterioro causado por una plaga de insectos trípidos, o insectos ‘chupadores’, que se alimentan de la fructuosa de las hojas. Este insecto hace una “picada” en la parte posterior de la hoja del roble, causando que poco a poca esta se deteriore; luego la rama se destruye y, en casos extremos, el árbol muere. Aún se desconoce el género y especie de este insecto que esta causando el deterioro del roble nativo. Según William Suárez, director del Colegio de Agrónomos de Puerto Rico, “si el árbol no se ve bien en el paisaje, lo van a cortar porque va a ponerse poco atractivo. Entonces un problema de insectos va a convertirse en un problema de corta de árboles.”

Apegada a su dulce agua

Contribución de CienciaPR: 
No

La buruquena, ese cangrejo de agua dulce de sabrosa fama culinaria, científicamente conocida como la Epilobocera sinuatifrons, considera nativa y especie endémica, ya que es reportada sólo en Puerto Rico y St.Croix. Tiene 10 patas, es de color marrón, con dos enormes pinzas, una de ellas un poco más grande que la otra. Tiene un carapacho suave y se desarrolla hasta llegar a tener una anchura de más de 7 centímetros o 3 pulgadas. Curiosamente, la buruquena es el “único crustáceo nativo de río, de agua dulce, que no necesita emigrar para completar su ciclo de vida,” dijo Beverly Yoshioka, del Servicio Federal de Pesca y Vida Silvestre.

Café prieto, puya y... ¿tóxico?

Contribución de CienciaPR: 
Este artículo es parte de una colaboración entre CienciaPR y el medio. Por ser contenido original generado por CienciaPR puede reproducirlo, siempre y cuando le de crédito al autor y a nuestra organización.

El café es una parte esencial de la mañana de muchos puertorriqueños, no sólo por su sabor y aroma, sino por que su cafeína nos quita el sueño y nos hace sentir más alerta. Sin embargo dependiendo de varios factores ambientales, las semillas de café (junto a otras semillas, cereales y frutos secos) pueden contener otro ingrediente: una toxina potencialmente mortal. Se les conoce como ocratoxinas y son producidos mayormente por hongos de los géneros Aspergillus y Penicillium. Este artículo, parte de nuestra colaboración con El Nuevo Día, nos habla de este “ingrediente” para muchos de nosotros desconocido.

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