Apegada a su dulce agua

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Por Liz Yanira Del Valle / Especial El Nuevo Día endi.com El sonero del pueblo, Marvin Santiago, la mentaba en una de sus tantas canciones humorísticas, titulada “La Buruquena de doña Inés”. El pueblo de Aguas Buenas todos los años le celebra un festival y a pesar de lo anterior pareciera que se habla de un asunto del pasado, tanto como de los tiempos precolombinos donde este animal fue bautizado por los taínos con el vocablo de “burukena”. Según Aurelio Tió, los taínos llamaban a la actual Vieques, Buruquena, “dada la gran cantidad de cangrejos que existían en la Isla”. En época colonial, los cartógrafos ingleses le identificaron como Crab’s Island, seguramente en alusión al crustáceo indicado. La buruquena, ese cangrejo de agua dulce de sabrosa fama culinaria, no es un animal extinto, pero son muchos los que le recuerdan con nostalgia porque aseguran que ya es muy raro verles. Científicamente conocida como la Epilobocera sinuatifrons, la buruquena se considera nativa y especie endémica, ya que es reportada sólo en Puerto Rico y St.Croix. Pertenece a la familia Epiloboceridae, que es similar a especies encontradas en otras islas del Caribe. Al menos, existen otras seis especies de este género. Según Beverly Yoshioka, del Servicio Federal de Pesca y Vida Silvestre, este crustáceo decápodo, así llamado por tener 10 patas, es de color marrón, con dos enormes pinzas, una de ellas un poco más grande que la otra. Tiene un carapacho suave y se desarrolla hasta llegar a tener una anchura de más de 7 centímetros o 3 pulgadas. Curiosamente, la buruquena es el “único crustáceo nativo de río, de agua dulce, que no necesita emigrar para completar su ciclo de vida. Existen, por lo menos, 12 especies de camarones en riachuelos de Puerto Rico que necesitan pasar algunas etapas larvales en el estuario u océano y emigrar de nuevo río arriba de pequeños para madurar, procrear y completar sus ciclos de vida” dijo Yoshioka. “Grandes represas en muchas de las reservas de la Isla bloquean a los camarones nativos y a los patrones de migración, por lo que frecuentemente la buruquena es el único crustáceo nativo de río que se encuentra río arriba de las altas represas y embalses”, añadió la experta. Vital la humedad Esto no quiere decir que no se vean fuera de los ríos. Ciertamente, la especialista indicó que se han reportado buruquenas rebuscando en bosques o incluso cruzando carreteras en noches húmedas. “Ellas son capaces de moverse y respirar fuera de los riachuelos siempre y cuando mantengan húmedo el interior de la cavidad de sus agallas bronquiales. A veces, van en grupos, posiblemente en una especie de migración, pero es poco lo que se sabe sobre esto”, explicó. La buruquena habita riachuelos de agua dulce, incluyendo las corrientes montañosas, donde es posible encontrarla en los remansos de los ríos. Durante el día, generalmente está en viveros cerca de la rivera del río o debajo de las rocas. Yoshioka comentó que estos animales en los riachuelos prefieren aguas rápidas y bien oxigenadas. “Estos cangrejos completan su ciclo de vida en corrientes de agua dulce. La hembra carga los huevos fertilizados y en desarrollo adheridos a apéndices debajo del abdomen. Varias etapas larvales tienen lugar en los huevos y los chiquitines eclosionan como cangrejos en miniatura con carapachos de alrededor de 3 milímetros de ancho. Los diminutos cangrejos se adhieren a los apéndices abdominales de la madre, donde permanecen por algún tiempo, abandonando finalmente a la madre para valerse por sí mismos”. El Alimento Las buruquenas se alimentan de peces y camarones. La científico especificó que las más grandes tienden a ocultarse durante el día, obteniendo su comida mayormente de noche. “Son capaces de dar dolorosos mordiscos con sus poderosas pinzas y se pueden mover rápidamente”, sostuvo. Aunque se entiende que la buruquena sigue siendo bastante común en nuestros riachuelos, es una de la especies de crustáceos que aparece regulado en el Reglamento de Pesca del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA). Aún así se pescan libremente. Hay quienes las pescan en pequeños aros con red, trampas con carnadas o los más osados que las agarran con las manos. Según Beverly Yoshioka, las principales amenazas de las buruquenas son probablemente la pobre calidad del agua y de su pesca, al usar prácticas ilegales, tales como venenos (cloro y pesticidas). “Usar cualquier veneno para pescar está prohibido por ley, ya que mata a todos los animales del río (peces, camarones, cangrejos y larvas de insectos), y podrían ser un peligro para las personas ya que la mayoría de los suministros de agua provienen de los ríos”, indicó. Yoshioka explicó que “los ríos con flujos demasiados bajos para mantener una buena cualidad de agua son un problema también. Los cangrejos pueden arrastrarse para salir del agua por cortos períodos de tiempo cuando los niveles de oxígeno disuelto suelen reducirse”. Por su parte, la Oficina Nacional de Administración Océanica y Atmósferica, (NOAA, por sus siglas en inglés) indicó que la pérdida o alteración de los riachuelos en el Caribe, debido al desarrollo poblacional y actividades agrícolas, ha llevado a una disminución en las poblaciones de esta especie.