Dan pánico pero no comen gente

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Por Wilson Gonzales Espada / Especial para El Nuevo Día

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El cine se ha encargado de demonizar a ciertos animales.

La gente le tiene pánico a los tiburones a pesar de que la mayoría de las especies no atacan a los humanos. Las tarántulas son grandes e impresionantes en las películas, pero hay gente que hasta las tienen de mascotas. Del mismo modo, los quirópteros o murciélagos tienen fama de chupasangre y emisarios del mal. La realidad es que la gran mayoría de ellos son inofensivos y beneficiosos al medio ambiente.

Los murciélagos son parte importante del balance ecológico de Puerto Rico. Por ejemplo, la mayoría de las especies de murciélagos se alimentan de insectos, lo que quiere decir menos insectos molestando a la gente y afectando a los cultivos. Otros murciélagos se alimentan del néctar de las flores. Al alimentarse, ayudan a la polinización de ciertas especies de plantas. Ciertos murciélagos comen frutas y se encargan de dispersar semillas de un lado a otro al defecar. ¡Y ni se diga de los murciélagos que se alimentan de peces! Ver cómo vuelan al ras del agua para atrapar peces con sus patas es simplemente impresionante.

Puerto Rico cuenta con trece especies de murciélagos, los cuales representan el único grupo de mamíferos nativos en nuestra isla. Entender sus hábitos alimenticios, su interacción con el medio ambiente, y cómo el crecimiento poblacional y la deforestación los han afectado es sumamente importante. Sin embargo, no cualquiera tiene el conocimiento, la valentía y el estómago para estudiar a estas criaturas. El científico puertorriqueño Angelo Soto Centeno, egresado de la Universidad Interamericana, es uno de esos valientes.

Angelo, junto a Allen Kurta de la Universidad de Eastern Michigan, se dedicaron a investigar los hábitos alimenticios del murciélago de las flores (E. sezekorni), de mediano tamaño y 18 gramos de peso, y del murciélago lengüilargo (M. redmani), un murciélago pequeño que pesa como ocho gramos. Estudios anteriores de la anatomía de estos murciélagos sugerían que se alimentaban de néctar, pero nadie había examinado en detalle si comían otra cosa, si comían néctar exclusivamente y qué tipos de néctar preferían. Como los murciélagos se alimentan de noche y es difícil diferenciar entre las especies a la distancia, es casi imposible observar directamente qué comen y cuánta cantidad. Pero esta limitación no impide la tarea de los biólogos, sólo que tienen que recurrir a otras técnicas más creativas”.

Dieta de insectos y flores

Desde principios de mayo hasta mediados de agosto, Angelo y Allen llegaban a la Cueva Culebrones, cerca de Arecibo, y usaban trampas para atrapar a cientos de murciélagos. Luego los ponían en bolsas de tela para atrapar sus desechos. Además, les pasaban una gelatina especial por el cuerpo para atrapar el polen que se les adhería al pelaje. Luego de examinar el polen y el excremento de cada especie, los biólogos observaron cuál era la verdadera dieta de los murciélagos y qué diferencias existían entre las preferencias alimenticias de cada especie.

Los biólogos descubrieron que ambas especies de murciélago consumían similar cantidad de insectos, pero no necesariamente del mismo tipo. El murciélago de las flores prefiere los escarabajos, mientras que el murciélago lengüilargo prefiere comer mariposas, polillas, moscas y mosquitos. Se cree que esta diferencia se debe a la forma de la boca y la robustez del cráneo de los murciélagos.

Además, se descubrió que ambos tipos de murciélagos comen frutas, pero el murciélago de las flores come mucha más fruta y mayor variedad, comparado con el murciélago lengüilargo. Por otro lado, se observó que ambos tipos de murciélagos beben néctar, pero el murciélago lengüilargo bebe mucho más néctar, comparado con el murciélago de las flores.

Los resultados del trabajo de Angelo Soto Centeno y Allen Kurta son consistentes con estudios previos en los cuales se estudió la forma y robustez del cráneo de varias especies de murciélagos y cómo determinan su dieta.

Sin embargo, Angelo y Allen lograron extender significativamente el conocimiento científico de estas dos especies al notar que los murciélagos no se alimentaban de néctar exclusivamente. Gracias a este interesante estudio, es posible comenzar a estudiar la susceptibilidad de los murciélagos a los efectos humanos (pérdida de hábitat, uso de pesticidas e insecticidas, y deforestación, entre otros) y a los efectos naturales (huracanes, sequías y calentamiento global, entre otros).

Además, estudiar los murciélagos ayuda a los biólogos a educar al pueblo puertorriqueño sobre su contribución a la agricultura y al control de insectos.