Fernando Lloveras: “La preservación no tiene bandos”

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Por Brunymarie Velázquez / brunymarie.velazquez@elnuevodia.com El Nuevo Día “Solo cuando el último árbol esté muerto, el último río envenenado y el último pez atrapado, te darás cuenta que no puedes comer dinero”. Este pensamiento atribuido a la sabiduría indoamericana puede describir casi al dedillo la forma de pensar de Fernando Lloveras San Miguel. Lloveras, director ejecutivo del Fideicomiso de Conservación de Puerto Rico, es uno de esos “héroes anónimos” que caminan al trabajo y recorren la isla teniendo pequeñas victorias diarias. Victorias ambientales. Desde 2003 abandonó el sector privado para convertirse en el líder del Fideicomiso de Conservación, la principal organización no gubernamental para la conservación de la naturaleza, creada en 1970 por iniciativa de los gobiernos de Puerto Rico y Estados Unidos para mitigar el impacto ambiental tras los agresivos planes para industrializar la economía de la Isla. Abogado de profesión y uno de los creadores de la biblioteca legal Microjuris.com, Lloveras, de 50 años, cuenta que es padre de dos hijos producto de un matrimonio que lo ha mantenido por casi treinta años enamorado. Su crianza fue en San Juan pero no fue ahí donde hizo su enlace con la naturaleza. Cuenta que fueron las montañas de Ciales las responsables de generar una simbiosis casi perfecta entre él y la naturaleza. Y en esa armonía vive alejado de la opulencia generalizada que se le atribuye a la abogacía y al empresarismo para caminar aferrado en contra del desparrame urbano y en favor de la educación ambiental. ¿Cómo comienza esa enamoramiento con la naturaleza? Mi familia vive en Ciales y todos mis momentos felices los viví allí. Ahí comenzó todo. Moverse del sector privado al sector sin fines de lucro es una decisión fuerte, económicamente hablando... Fue una decisión bastante complicada porque obviamente me gustaba lo que hacía, tengo mi pasión por la tecnología, pero creo que entró ese amarre y ese apego que desarrollé desde pequeño y decidí tomar esa decisión y dedicarme a algo que es mi pasión, que es la naturaleza. A pesar de que tiene una lucha ambiental bastante intensa, usted no es una persona que se ligue a ninguna controversia. ¿Le teme? Existen muchas formas de lograr objetivos, pero como bien mencionas, todas requieren luchar fuertemente por lo que uno cree. Así también creo que la controversia en inevitable y que forma parte de los procesos decisionales más saludables. Es por eso que le tengo gran respeto a todos los que se dedican a conservar o a lograr cualquier objetivo mediante su valentía de presentar sus puntos de vista aunque estos sean controversiales. Con lo que si no estoy de acuerdo es con la violencia o violación de normas. El Fideicomiso, sin embargo, no fue fundado para conservar mediante acciones en contra de la destrucción de terrenos, aunque sí nos duele cuando vemos decisiones que no tienen razón de ser. El Fideicomiso existe como una organización que adquiere terrenos y que precisamente los saca de la controversia, asegurando su conservación a perpetuidad. ¿Cuál ha sido el máximo reto que ha enfrentado el Fideicomiso? El Fideicomiso enfrenta el reto de salvaguardar la naturaleza en una isla pequeña, sobrepoblada, con mucha densidad poblacional, mucha presión por el uso de los terrenos y con un empuje económico muy fuerte desde hace 50 a 60 años. A la misma vez esa necesidad de desarrollo y crecimiento han dejado atrás la importancia de la conservación dentro de la desenfrenada búsqueda de ese desarrollo. Además de conservar los recursos naturales, ustedes conservan estructuras que tienen un valor histórico para el País como la casa de Ramón Power y Giralt. ¿Estarían dispuestos a conservar las casas de líderes política de diversas ideologías? La preservación de nuestra historia no tiene bandos. Desde Barbosa hasta Albizu, todo marca quiénes hemos sido y por ende quiénes somos. Y toda esta gama de acciones, estructuras y memorias de los grandes eventos históricos merece ser preservada para nuestro desenvolvimiento futuro. El Fideicomiso de Conservación se enfoca en la preservación de lugares históricos dentro de su marco principal que es el de la conservación de sistemas ecológicos. Por ende, nuestra prioridad es el rescate de lugares históricos dentro de su relación con áreas naturales. Es por esto que hemos rescatado haciendas y faros que hoy son reservas naturales y que albergan la huella humana de actividades históricas. (Ramón "Tonito"Zayas/El Nuevo Día) No es nuevo que estamos en medio de una recesión. ¿No es un lujo la conservación en tiempo de crisis económica? La conservación no afecta el desarrollo. No son incompatibles y de hecho se apoyan mutuamente. Es una falacia pensar que si estamos conservando un terreno de alto valor ecológico eso va a ser detrimental para nosotros: es al revés. La pregunta no es si construimos o no, es dónde impactamos la naturaleza para nuestro desarrollo. Actualmente el 54% de Puerto Rico es urbano o suburbano, o sea que eso quiere decir que está impactado severamente -es más de la mitad de la Isla-. La pregunta es dónde vamos a parar porque el desarrollo se puede seguir llevando a cabo protegiendo una tercera parte de la Isla. De lo que estamos hablando es de unas reglas de juego y esas reglas no impiden que nadie deje de realizar un negocio: lo único que te dice es cómo. Si esas reglas son iguales para todo el mundo, no afectan a nadie. Por el contrario, la conservación añade valor a nuestro desarrollo, especialmente en la construcción, que es el adversario de la conservación. Entonces ¿ el desarrollo económico es el enemigo del Fideicomiso? No es el desarrollo económico. Para mí un desarrollo económico bien hecho es un aliado de la conservación. El problema es el modelo que estamos siguiendo, que son modelos no apropiados ni aplicables a Puerto Rico, que mide 100 x 35. Aquí vivimos casi cuatro millones de personas: si tú transportas esa densidad poblacional a los Estados Unidos, estás hablando de que tienes que tener 4.1 billones de personas en Estados Unidos, y eso es la población de China, India, Pakistán y un poco más. Partiendo de esta realidad, podemos tomar decisiones inteligentes y eso no lo estamos haciendo. Tenemos que reconocer esas limitaciones de espacio y desarrollarnos como lo han hecho otras economías exitosas con poco espacio. (Ramón "Tonito"Zayas/El Nuevo Día) Usted ha expresado públicamente que la tierra, que es lo que nos une como pueblo, nos divide. ¿Por qué piensa eso? La tierra nos engendra, nos hace gente y nos da nuestra personalidad como pueblo. Sin embargo, diferimos en cómo usarla, cómo cuidarla y en cómo lograr nuestras aspiraciones sin consumirla desmedidamente. Nos divide nuestra visión de lo que es progreso, de lo que es calidad de vida. Seguimos ciegamente modelos económicos que cada día más demuestran grandes debilidades y necesidades de reenfoque y adaptaciones. En cuanto definamos que calidad de vida no es solo consumo, ni amasar bienes, sino que hay muchas otras fuentes de riqueza, entonces podremos diseñar, conservar y construir el Puerto Rico que queremos. Hay quienes salen de la oficina o del trabajo en la calle y su tiempo libre ideal es con la naturaleza pero usted está conectado al ambiente todo el tiempo. ¿Qué hace en su tiempo libre? Trabajar en mi finca y compartir con mi familia. En muchas ocasiones juntos podemos disfrutar de esa intimidad y sosiego que nos brinda la naturaleza cuando visitamos la finca, en la que de muy joven hice esa conexión y descubrí que nuestra relación con el mundo natural en realidad no es opcional, sino necesaria. ¿Frustraciones? Todo el tiempo (entre risas). A veces la meta es grande pero cada paso sirve de inspiración para un nuevo paso. Lo positivo siempre es mayor.