Premio Nobel ‘por casualidad’

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Por Marga Parés Arroyo / End.mpares@elnuevodia.com endi.com En 1992, el avance que el doctor Peter Courtland Agre había tardado años en descubrir saltó a la fama cuando sus hallazgos fueron reconocidos en una notoria publicación científica llamada “Ciencias”. Once años más tarde, en el 2003, tal hazaña fue reconocida aún a mayor magnitud cuando Courtland Agre fue ganador del Premio Nobel de Química de ese año. De visita en el País para compartir sus experiencias científicas con estudiantes de la Escuela de Medicina del Recinto de Ciencias Médicas, el galeno oriundo de Minnesota dialogó con El Nuevo Día sobre ésta y otras peripecias de su carrera científica. “Soy un porrista o embajador de las ciencias porque se que el futuro va a emerger de aquí, más aún cuando reconozco que una de las necesidades más críticas es motivar a los estudiantes a que se decidan por las ciencias porque ésta es una carrera bien agotadora”, dijo Courtland Agre. Profesor de biología celular y de medicina en la Facultad de Medicina de la Universidad de Duke, una de las investigaciones más notorias de Courtland Agre fue cuando produjo la primera separación de un grupo de antígenos del grupo sanguíneo Rh. Sin embargo, fue en 1992 cuando el pequeño laboratorio en la Universidad de Johns Hopkins, donde trabajaba, fue ampliamente reconocido por el descubrimiento de “acuaporinas”, una familia de proteínas de agua encontradas en la naturaleza que son responsables de numerosos procesos fisiológicos en los humanos. Secreciones del fluido de la espina, lágrimas, saliva y sudor son algunas de ellas, además de estar relacionadas a varios trastornos clínicos, como retención de fluido, traumas en el cerebro, glaucoma, cataratas e infartos. “Las acuaporinas son el sistema pluvial de las células”, resumió Courtland Agre, quien admitió que alcanzó este descubrimiento por casualidad mientras realizaba otra investigación.