Valiosa contribución boricua a la industria avícola

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Por: 

Gerardo E. Alvarado León
“Fui expuesto a las ciencias desde niño”, dijo Rafael Edgardo Rivera Betancourt, quien estudió un bachillerato en ciencia en industrias pecuarias en la UPR de Mayagüez. (Suministrada)

Rafael Edgardo Rivera Betancourt diseña programas educativos y de entrenamiento para asistir en diversos ámbitos

Hijo de un veterinario y de una microbióloga, Rafael Edgardo Rivera Betancourt creció pensando que su futuro profesional estaría ligado a alguna de esas disciplinas.

Trabajaba en la clínica de su padre cada vez que podía y lo acompañaba a vaquerías, pero también pasaba muchas tardes después de la escuela pululando por los pasillos del recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico (UPRM , donde su madre era profesora.

“Fui expuesto a las ciencias desde niño”, dijo, pero resaltó, de inmediato, que su amor por la agricultura pudo más.

“Aunque era un niño de ciudad (nacido en Hato Rey y criado en Mayagüez), por alguna razón siempre me llamó la atención la agricultura y me preguntaba por qué eso no era más importante en Puerto Rico. Así que decidí que eso era a lo que me tenía que dedicar y ayudar a cambiar; al fin opté por ser agrónomo y no veterinario”, añadió Rivera Betancourt, quien completó un bachillerato en ciencia en industrias pecuarias de la UPRM y una maestría en ciencia en avicultura de la North Carolina State University.

Actualmente, Rivera Betancourt, de 36 años, está radicado en Atlanta, Georgia, y trabaja para la U.S. Poultry and Egg Association, que agrupa a más del 90% de la producción de carne de pollo y pavo en Estados Unidos, y más del 90% de la producción de huevos. Según contó, la asociación apoya a la industria avícola diseñando programas educativos y técnicos para asistir en temas como manejo ambiental, seguridad de alimentos, bienestar de los animales, seguridad ocupacional y comunicación con los consumidores.

De igual forma, agregó, la entidad apoya a la industria y a universidades con su programa de investigación, mediante el cual se desembolsa cerca de $1 millón al año para hacer estudios en pro de la avicultura del País.

En la U.S. Poultry and Egg Association, Rivera Betancourt funge como gerente de programas de seguridad de alimentos y programas de producción. Es el encargado de diseñar programas educativos y de entrenamiento para la industria avícola, que ayudan a gerentes y empleados de compañías a cumplir con las regulaciones y estándares de seguridad de alimentos requeridos por el gobierno federal, así como por sus clientes y consumidores.

“También trabajo con nuestros miembros coordinando programas de entrenamiento, dirigidos a mejorar el bienestar de los animales y mejorar la bioseguridad (una serie de medidas a nivel de finca que ayudan a prevenir enfermedades). Por ejemplo, nuestra asociación tuvo un rol importante durante el brote de influenza aviar durante la primavera de este año, donde murieron más de 49 millones de aves. Nosotros colaboramos con las compañías, el gobierno, veterinarios, científicos y otras asociaciones para mitigar el brote y prepararnos para enfrentar otro en el futuro. Hicimos reuniones, talleres y seminarios por internet para difundir información pertinente que ayudó a controlar la emergencia”, contó.

Aunque Rivera Betancourt no trabaja directamente en investigación, sí colabora con varios investigadores universitarios en dos programas “que beneficiarán” a la industria.

El primer proyecto, indicó, es de diseñar módulos de entrenamiento para empleados de plantas de procesamiento para que puedan entender las prácticas de manejo de alimentos y así proteger mejor los productos. “Los investigadores me ayudan a diseñar los módulos tomando en cuenta los diferentes modos de aprendizaje de las personas para que puedan aprovechar al máximo el proyecto”, dijo.

El segundo proyecto, expuso, es un ejercicio de evaluación de microorganismos indicadores para usar en la evaluación de intervenciones utilizadas para eliminar bacterias en la carne. 

Actualmente, la salmonela es la bacteria que más se asocia con envenenamientos causados por el consumo de carne de pollos, y las plantas de procesamiento tienen que monitorear que los pasos o intervenciones en el proceso de preparación están matando esas bacterias. “Los investigadores me están ayudando con la evaluación de otras bacterias que no causan enfermedad, pero que biológicamente se comportan como la salmonela para poder introducirlas en el proceso y observar si se mueren mientras se preparan los productos. Esta es una forma de evaluar la efectividad de la planta de procesamiento sin contaminar el producto con una bacteria que puede enfermar a la gente”, explicó.

Al preguntarle sobre sus principales aportaciones al campo donde se desenvuelve, Rivera Betancourt respondió que hoy por hoy está organizando la información requerida para demostrar que los programas de seguridad de alimentos de la industria avícola son diseñados con evidencia científica. 

“Los datos existen, pero no de manera organizada. Los esfuerzos de mi programa están dirigidos hacia crear una base de información para que nuestros miembros puedan conseguir la información necesaria para apoyar sus decisiones operacionales, y para que el consumidor de carne de pollo, pavo y huevos de mesa se sienta seguro de que estos productos son sanos y de alto valor nutricional”, subrayó, y dejó claro que “mi meta siempre será de algún día poder traer mi experiencia a Puerto Rico y contribuir directamente a la agricultura del País”.

“La industria avícola en Puerto Rico fue en un momento en un renglón importante de la agricultura del País y estoy confiado de que puede y va a volver a serlo”, concluyó.

 

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