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Cerebros Corazones

Imagen de Mónica Ivelisse Feliú-Mójer
"Pero no cambia mi amor por más lejos que me encuentre, ni el recuerdo, ni el dolor de mi pueblo y de mi gente." - Todo Cambia, interpretada por Mercedes Sosa
“Porque los Cerebros se están yendo.” Magali García Ramis, Cerebros que se van corazón que se queda, 1993
 
Han pasado 20 años desde de que se publicó esta historia (especial agradecimiento a mi querida Yara, quien la desempolvó originalmente ). Sin embargo su premisa es tanto o más vigente que en aquel entonces, evidenciado por lo mucho que hemos escuchado recientemente sobre la "fuga de cerebros". Hace unas semanas conversé con Contrapunto de Radio Universidad de Puerto Rico, como parte de su programa "Puertorriqueños en el mundo". Durante el programa se hace referencia a "Cerebros que se van corazón que se queda" y decidí volver a compartir este escrito que publiqué originalmente el 12 de marzo de 2012 (con algunas modificaciones)
 

 

                                                   Puertorriqueños en el mundo by Contrapunto on Mixcloud

 
Cerebro que se fuga: dícese de aquel profesional educado que se va para Allá (Estados Unidos) en búsqueda de mejores oportunidades y mejor calidad de vida de la que encuentra en Puerto Rico (Acá). Según el Perfil del Migrante, publicado por el Instituto de Estadísticas de Puerto Rico en el 2011, la mayoría de los Cerebros que se van son jóvenes (entre 15-34 años). En la última década, cientos de miles de Cerebros se han marchado para Allá.
 
En Cerebros que se van corazón que se queda, García Ramis contrasta la experiencia del Cerebro que emigró, buscando a better life, con la del Corazón que se quedó en Puerto Rico, comiéndose la piña agria. El Cerebro, seso con patitas, se monta en un avión y se va para Allá buscando trabajo y cinco cifras gorditas; apartamentos sin rejas ni balcones tropicales; o servicios médicos, que “siempre han de ser mejores que los de Acá.” El Corazón se queda Acá y todas las mañanas se chupa el tapón en el expreso; traga duro ante la rampante criminalidad, la politiquería y el alza en el costo de vida.
 
Allá, al Cerebro la puertorriqueñidad le aflora: extraña la patria, la salsa y el bembé. Yo soy boricua, pa’ que tu lo sepas. Mientras, “el Corazón tiene muy desarrollados los brazos para abrazar a los Cerebros que tanta faltale hacen, que seguro tuvieron que irse, que están bien Allá, y quizás estaríanmejor Acá, pero que quién sabe.” Esta historia me toca por que me es muy familiar. Yo soy uno de esos Cerebros que se "fugó"—a estudiar y luego a trabajar—Allá. Pero también soy un Corazón, que día a día vive más Acá que Allá. Vivo Acá desde Allá, por que mi corazón se quedó Acá; por que lo primero que hago por las mañanas es ver el periódico de Acá; por que todo lo que hago Allá, lo hago para el beneficio de Acá, pero—por el momento—desde Allá. Como quien dice, yo soy un Cerebro Corazón. O por lo menos así me siento.
 
Y entonces me pregunto, ¿cómo pueden los de Allá ayudar a los de Acá y viceversa? ¿Cómo podemos extender puentes y acortar distancias?
 
Las redes sociales ofrecen una plataforma ideal para lograr este propósito. Como ya había escrito una vez (refiriéndome al caso particular de Ciencia Puerto Rico) las redes sociales proveen una plataforma para que las personas—sin importar su localización geográfica—se comuniquen, intercambien ideas e información y se conecten, de manera fácil y efectiva. Nuestra red es un ejemplo de cómo las herramientas cibernéticas permiten que los miembros de una comunidad geográficamente dispersa tengan un impacto significativo en su comunidad de origen.
 
La marcada emigración de puertorriqueños ha hecho que la nación borincana se extienda más allá del 100 x 35 (según medidas recientes más bien 112 x 40). Hoy día podríamos decir que Puerto Rico está donde quiera que se encuentre cada uno de nosotros, cuyo corazón pertenece a Puerto Rico. Puerto Rico somos los de Acá, los de Allá, los de Allá cuyas raíces familiares están Acá, y los que han adoptado Acá como su hogar. Aunque no vivimos Allá, desde Acá también nos chupamos la piña agria y tragamos duro ante la criminalidad y la crisis social. Nos une el amor patrio. El anhelo de ver a un Puerto Rico mejor, con una economía próspera. El deseo de ver a unos líderes políticos—y no politiqueros—que se enfoquen en trabajar por el beneficio del pueblo. Nos mueve el anhelo de que cada puertorriqueño tenga acceso a una mejor educación y a mejores servicios de salud. El anhelo de que cada boricua cree conciencia y actue sobre la necesidad de cuidar nuestro medio ambiente y recursos naturales. Nos motiva el deseo de ver a un Puerto Rico próspero, mejor y lleno de paz. 

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