Con Marte en su proyecto de vida

Este artículo es reproducido por CienciaPR con permiso de la fuente original.

Por Mario Alegre Barrios / malegre@elnuevodia.com El Nuevo Día En el año 2040 -meses más, meses menos- viajará a Marte. Más que sueño, es proyecto; más que ilusión, es certeza. Lo dice con voz apacible y la mirada brillante, sin el menor rastro de duda, como un mantra que le sirve de brújula. Se llama Andrea del Mar Boria Denis, tiene 16 años y ya sabe con inspiradora claridad lo que desea hacer con su vida: estudiar en la Universidad de Harvard, hacer un bachillerato, una maestría y un doctorado en astrofísica, convertirse en astronauta, trabajar en la NASA y... estar a bordo del primer viaje tripulado al vecino planeta. A treinta años de ese viaje -meses más, meses menos- Andrea se prepara como estudiante del undécimo grado en la escuela José Collazo Colón, de Juncos, donde recientemente fundó un Club de Astronomía, como una de las tantas maneras que tiene para dar cauce a su inmensa pasión por todos los temas vinculados al universo. “Me acuesto pensando en astronomía, la sueño y me levanto pensando en ella”, dice Andrea con elocuente entusiasmo. “Siempre he sido fanática de la luna, de las estrellas y de todo lo que tiene que ver con el espacio. Hasta no hace mucho tenía la inquietud de estudiar patología forense, pero descubrí que la medicina no es lo mío”. Perfilada por una acuciante curiosidad y una innata vocación autodidacta, Andrea comenta que es una lectora voraz, en especial de temas científicos, con énfasis en astronomía, física y química, con espacio también para la literatura, con Edgar Allan Poe como su autor predilecto. “La verdad es que me encanta estudiar y leo por placer, nunca por obligación”, apunta. “Mi interés formal por la astronomía nació cuando me enteré de que la Universidad del Turabo estaba ofreciendo un viaje a la NASA para estudiantes con buen promedio”. Andrea preparó un ensayo, solicitó ser parte del grupo y fue aceptada para visitar el John Glenn Center, en Cleveland, Ohio. “Eso fue en el verano pasado y, cuando llegué allá, quedé fascinada”, comenta. “Creo que a partir de esa experiencia decidí lo que quería hacer con mi vida, algo de lo que ahora no tengo la menor duda”. Como secuela de este episodio, Andrea fue aceptada como estudiante activa en el reconocido programa NASA INSPIRE y actualmente participa en un proyecto que describe como “muy difícil pero no imposible”, que consiste en la creación de una réplica en “3D” del “robonauta” que actualmente está en órbita en la Estación Espacial Internacional, reto que enfrenta en compañía de otros tres estudiantes estadounidenses mediante teleconferencias vía Skype. Asimismo, Andrea habla con mucho cariño del Club de Astronomía que fundó en su escuela con el apoyo del profesor Juan C. Caraballo, director del plantel, plan concebido y articulado por ella, con la ayuda también de tres profesores. “Ya tenemos 25 miembros, todos de escuela superior, pero hay planes de expandirlo a los niveles intermedio y elemental”, explica. Ante la mirada amorosa de su madre Bárbara -cómplice en sus proyectos-, Andrea asevera que es “muy perseverante”. “No paro hasta que obtengo lo que me propongo”, afirma. “¿Novio?, no, no tengo tiempo... no es momento para eso y no está en mis prioridades. Sinceramente mi meta es ser astronauta, quiero ir a Marte, y lo voy a hacer en el viaje que está programado más o menos para el 2040”. Sin duda es inspirador imaginar que Andrea estará en esa tripulación.

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