La invasion pasiva del pez leon

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Por Dr. Jorge Bauzá-Ortega / Especial El Nuevo Día El Nuevo Día Al ya famoso pez león le acompañan el coral de copa anaranjado, la medusa australiana moteada y dos especies de la almeja americana, todos visitantes que llegaron y se quedaron en las costas de Puerto Rico. Exóticas o invasoras, pues son visitantes inesperados que provienen de mares distantes; en verdad indeseados, pues, por más vistosos y hermosos, una vez se establecen pueden impactar las criaturas marinas nativas y alterar la actitud de los bañistas hacia el mar y sus criaturas. Este es el caso del conocido y poco entendido pez león. Unos dicen que el pez león fue liberado intencionalmente al mar por aficionados a los acuarios de peces tropicales, después de adquirirlos a través de los centros de mascotas y distribuidores de peces tropicales. Precisamente de un acuario destruido en la Florida por el huracán Andrew en el 1992 se cree que se liberaron accidentalmente algunos ejemplares. Según este escenario, estos ejemplares y sus descendientes conquistaron y poblaron el mar Caribe y la costa este de los Estados Unidos. Conquistar la costa este de los Estados Unidos es plausible, pues ayudados por la Corriente del Golfo que, como góndola, recorre las costas desde la Florida hacia el Atlántico Norte, estos peces lograron asentarse a lo largo y ancho de este litoral. Pero que estos mismos ejemplares y sus descendientes conquisten las costas del Caribe y Puerto Rico necesita revisión. También se trata de corrientes oceánicas, razón por la cual veo un poco complicado, por no decir poco probable, que un pez león adulto, pequeño en etapa larval o un huevito fecundado pueda viajar miles de kilómetros desde la Florida hasta Puerto Rico. En este caso irían en contra de fuertes corrientes oceánicas como la Corriente de la Florida y la Corriente de las Antillas, aunque tengamos presente que la naturaleza nos puede brindar grandes sorpresas. Lo que no es sorpresa es la llegada de estos peces ayudados por el hombre o, en este caso, por sus máquinas flotantes. Sobre 45,000 embarcaciones cruzan anualmente los mares de un puerto a otro para embarcar y desembarcar mercancía, pasajeros y agua de lastre. El agua de lastre es un volumen de agua que los grandes barcos almacenan para la estabilidad de la embarcación en alta mar. Los capitanes pueden recoger aguas de un océano, navegar miles de kilómetros y descargar inocentemente la misma en otras costas. Pero el agua de lastre, además de agua, contiene vida acuática y peces. Estudios realizados por colegas de la Universidad de Washington y colaboradores demuestran que hasta 31 especies de peces han sido identificadas en el agua de lastre. Esto incluyendo peces de la misma familia del pez león (Scorpaeniade). Por otro lado, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente publicó en el 2006 un informe que revela que al menos 118 de especies marinas exóticas pudieron ser introducidas por medio del agua de lastre a la Región del Gran Caribe Ampliado, que incluye las islas del Caribe, el Golfo de México y las costas de América Latina. De este inventario, los peces constituyeron el grupo dominante (39 especies). El pez león pudo haber sido uno de estos. No cabe duda de que el agua de lastre es una fuente de especies marinas exóticas, particularmente en aquellos puertos con alto tráfico marítimo como es el Puerto de la Bahía de San Juan, que recibe de otros mares aproximadamente 580 embarcaciones de carga y más de 300 cruceros de pasajeros al año. Por tal razón, es imperante establecer un programa de detección temprana y monitoreo de estas especies en el agua de lastre de los barcos que nos visitan. La realidad es que una vez estas especies se establecen en nuestras costas se requiere de un gran esfuerzo y cooperación para controlarlas y, muy difícilmente, erradicarlas en su totalidad. (El autor es oceanógrafo y asesor científico del Programa del Estuario de la Bahía de San Juan).