Las especies se extinguen… ¿Y qué?

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Diálogo Digital
La población de Mariposas Monarcas ha descendido a niveles críticos en las últimas dos décadas. (Diálogo/Ricardo Alcaraz)

¡Las especies están desapareciendo! Este es un tema común que vemos en varios medios de comunicación y es cierto: la biodiversidad de nuestro planeta está en peligro, con muchas especies en el borde de la extinción. Ejemplo de ello en Puerto Rico lo son la cotorra puertorriqueña, el coquí común y el manatí. En otras partes del mundo, ocurre lo mismo con el rinoceronte, las mariposas, las abejas y los elefantes, entre muchas otras especies. La primera pregunta que nos viene a la mente es: ¿y qué? ¿Cuál es el problema de que las especies desaparezcan?

Detrás de esta pregunta, viene el argumento común de que hay muchos animales en el planeta y que no importa que desaparezcan algunos. Otro argumento es que las extinciones permiten la aparición de nuevas especies e inclusive, nosotros los humanos no seríamos la especie “dominante” del planeta si los dinosaurios no estuvieran extintos. Y aunque estos argumentos pueden tener cierto grado de validez, no tomamos en cuenta un factor de extrema importancia: el tiempo.

Antes del periodo Antropoceno, como llamamos el periodo en el que los humanos han dominado nuestro planeta, las extinciones de especies eran una especie por cada millón de especies por año. Si existían dos millones de especies en el planeta, se extinguían dos species anualmente. Actualmente, se estima que esto ocurre 1,000 veces más rápido y se estima que puede llegar a 10,000 veces más rápido en los próximos años si no se actúa rápidamente.

¿Por qué nos debe importar esta situación? El total de las especies, que se conoce como biodiversidad, es vital en los procesos que ocurren en el planeta. Cuando las especies desaparecen, la biodiversidad se reduce rápidamente y se pierde el “servicio” que estas brindan a los ecosistemas, por ejemplo: como presas, depredadores, polinizadores, dispersores de semillas y recicladores de nutrientes, entre otros.

Desafortunadamente, esto está ocurriendo tan rápido que no hay tiempo para que surjan especies nuevas que pueden continuar este trabajo. Durante este semestre, tomé un curso en la Universidad de Puerto Rico, ofrecido por la doctora Patricia Burrowes acerca de las Causas y Consecuencias de la Pérdida de la Biodiversidad y ha surgido una gran preocupación en mí. Lo aprendido en clase me llevó a indagar sobre la importancia de las abejas y los elefantes para los ecosistemas.

Abejas y elefantes: obreros de la naturaleza

Las abejas son polinizadores y se encargan de transportar polen de una planta a otra en ambientes silvestres, pero también entre nuestros cultivos, promoviendo el éxito de la agricultura. Aproximadamente el 75 por ciento de las cosechas que nos dan alimento, dependen de este servicio que nos prestan las abejas. Las poblaciones de abejas han ido en disminución debido a enfermedades, cambio climático global y destrucción de hábitat.

Se han hecho inversiones millonarias para salvar las abejas, incluyendo cambios en sistemas agrícolas y en la búsqueda de medicamentos que combatan enfermedades que las atacan. Y de nuevo nos preguntamos: ¿por qué hacer inversiones millonarias en la protección de estos animales? Porque dependemos de ello para nuestro alimento. Y ya que somos una población que continúa en constante crecimiento, necesitamos más recursos para suplir nuestra demanda.

Otro ejemplo del impacto que puede tener una especie en su ambiente y en los humanos es el de los elefantes africanos. El elefante es el mamífero terrestre más grande del planeta y pueden llegar a pesar hasta 13,000 libras. A pesar de su majestuosidad, estos animales están siendo cazados para obtener el marfil que compone sus colmillos para venderlos en mercados ilegales asiáticos donde hacen esculturas y objetos apetecidos por la población por considerarlos un símbolo de estatus.

A los elefantes, como a otras especies, se les conoce como “ingenieros del ecosistema”, ya que producen cambios físicos en los ecosistemas,  ya sea deliberadamente derrumbando árboles para alimentarse o abriendo camino al pasar. África sufre de largos periodos de sequía, y muchas especies dependen de oasis o fuentes de agua para sobrevivir. Estos oasis aumentan su capacidad para almacenar agua cuando los elefantes se bañan y revuelcan en ellos, ya que esta acción remueve barro, haciéndolos más profundos. De esta forma, muchas otras especies se pueden beneficiar en un continente con largos periodos secos.

Los elefantes también ayudan en la dispersión y germinación de semillas, teniendo un rango de movimiento de hasta 3.4 millones de kilómetros cuadrados. Para que puedan comparar, Puerto Rico mide aproximadamente 9,000 kilómetros cuadrados. Las plantas que provienen de la germinación de estas semillas sirven de alimento para animales silvestres y humanos. Además, los árboles de la sabana africana ayudan a filtrar el dióxido de carbono y transformarlo a oxígeno. Los elefantes representan un valor económico para África, ya que son importantes en la industria turística. Las declinaciones recientes en poblaciones de elefantes, le ha costados 25 millones de dólares a los países que componen la región subsahariana en el continente africano.

Espero que estos ejemplos sirvan para hacerlos reflexionar acerca de la importancia de la conservación de la biodiversidad, no solamente por su belleza y derecho ético de existir, sino por los servicios que ofrecen a los ecosistemas que comparten con muchas otras especies, incluyendo nosotros.

Como científica, mi deber es presentar los hechos que ocurren y el impacto que presentan estos. Como comunidad, debemos utilizar estos hechos para tomar acción y hacer valer nuestra voz. Para obtener más información, les recomiendo documentales como The Ivory GameBefore the Flood y los sitios web www.nwf.org (National Wildlife Federation) y www.greenfacts.org. Simples acciones de no tirar basura, no consumir más de lo que necesitamos y no molestar la vida salvaje, son el comienzo para mejorar.


La autora es estudiante del Programa Graduado de Biología de la facultad de Ciencias Naturales en la Universidad de Puerto Rico- Recinto de Río Piedras.

 

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