Manjar ecológico en el viejo bastión

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Por Liz Yanira Del Valle / Especial para El Nuevo Día endi.com Ni soñar con una ceiba, una palma real, un húcar o un roble. Esto se suele dejar para los parques o el Jardín Botánico. Pocos imaginan a un guaraguao o su fuerte contrincante, el pitirre. Qué tal la presencia de muchas orugas sobre las ramas de un frangipani, el vuelo de la gaviota gallega, un encuentro con tórtolas cardosanteras o un avistamiento de pelícanos pardos. El visitante de la antigua ciudad sólo suele enfocar su mirada en los gatos y en las palomas que tanto abundan por las calles sanjuaneras. Todos los ejemplos citados son parte integral de la naturaleza de la ciudad que desde el 2005 cuenta con un recorrido ecológico organizado por el Fideicomiso de Conservación de Puerto Rico (FCPR). El paseo inicia en la sede del FCPR (Casa Ramón Power Giralt) y concluye en la Plaza del Soportal, con un total de ocho paradas. Antes de salir a la calle, Glorimar Toledo, intérprete ambiental del FCPR, repartió instrumentos como binoculares, una lista para anotar el conteo de aves, y medidores de viento, temperatura y humedad. En el Bastión de las Palmas, Toledo ofreció una introducción del desarrollo geológico de Puerto Rico y del Viejo San Juan. Con su relato, traslada al participante a la era glaciar para explicar el origen volcánico de la Isla y la formación de los mogotes. Luego, explicó la importancia de las dunas cementadas (arena solidificada) en la formación de la costa norte de Puerto Rico, en específico la zona de San Juan a Arecibo. “El mejor ejemplo es el Perro de Piedra de la leyenda. Estas dunas al segmentarse permitieron la entrada del agua del mar, elemento importante en la formación de la bahía”, apuntó. En la Plaza de las Monjas la guía resumió el desarrollo urbano de la ciudad durante la era colonial y agregó datos de interés general. “Los perros fueron introducidos por los españoles para exterminar a los cangrejos del mangle que abundaban en la zona. En 1519, se introdujo la palma de coco y reconozcamos que la Calle del Cristo fue la primera pavimentada en América”, dijo. Desde el inicio, Toledo explicó cada tema sin descuidarse de identificar cada árbol y ave avistados en la caminata. En la cuarta parada, Puerta de San Juan, los participantes tomaron una muestra del agua de la bahía para realizar varias pruebas de nutrientes, oxígeno y salinidad. “Para la del oxígeno el nivel mínimo es de 50% y nos salió 42%. La sobrepoblación de plantas marinas no sólo afecta la cantidad de nutrientes del agua, sino también el oxígeno. Estas plantas y algas al descomponerse consumen mucho oxígeno. También, el lanzamiento de agua caliente afecta -dijo- refiriéndose al retorno del agua de la bahía que usa la termoeléctrica de Cataño”, explicó. La intérprete mencionó que al Viejo San Juan se le considera uno de los espacios geográficos de mayor impacto en sus procesos de transformación ecológica producto de la actividad humana y del crecimiento urbano de Puerto Rico. El quinto punto lo marca un árbol pterocarpus que hay al subir hacia la escultura de La Rogativa. Esa parada es muy divertida porque incluye juegos. Según Toledo es la forma más amena de explicar lo que conlleva el proceso de emigración en las aves. En Ballajá, se analizó junto a Toledo los resultados de los parámetros tomados durante el recorrido. El tema de la séptima parada, Plaza de la Beneficencia, fue la importancia de la siembra urbana. Al presente, 439 estudiantes y 324 ciudadanos han participado del paseo ecológico. El resto de la población se ha perdido de mucho, pero están a tiempo para incluirlo en la agenda del fin de semana. El recorrido es gratis aunque se requiere hacer reservaciones llamando al (787) 722-5844. El Viejo San Juan también merece ser recordado por la belleza y el valor de su naturaleza, y ésta debe ser protegida tanto como sus edificios.