Primera bebé probeta: Un nacimiento que abrió puertas

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Por Brunymarie Velázquez / brunymarie.velazquez@elnuevodia.com El Nuevo Día El ingenio de un científico inglés abrió camino a la inseminación artificial como una nueva rama de la medicina y una esperanza para las parejas que no podían tener hijos. Entre controversias y esperanzas, Robert Edwards trabajó sin pausa con los óvulos humanos. Pero no fue hasta veinte años después que su primer éxito nació el 25 de julio de 1978 con nombre y apellido: Louise Brown, la primera bebé probeta del mundo. La británica Louise ya no es una niña, y hace cuatro años presentó su primer hijo que concibió sin ayuda de tecnologías. Más tarde, y en medio de las controversias morales que surgieron con el impulso que tomó la reproducción asistida, Puerto Rico tuvo su primera bebé probeta. Después de haber perdido un hijo y haber tenido varios fracasos para procear nuevamente, el 31 de mayo de 1986, Nilda Torres y José Román, celebraban la llegada de Adlin Marie Román Torres. La bebé, que ya tiene 25 años, acaparó las portadas de la mayoría de los rotativos que corrían la Isla. Era la primera criatura concebida por fertilización in vitro no solo en Puerto Rico, sino también en Latinoamérica. Las esperanzas de muchos matrimonios y personas solteras, que habían desistido de la idea de tener hijos, florecieron y vieron en el proceso de reproducción asistida una puerta para lograr hacer una familia. Después de Louise Brown, se estima que más de cuatro millones y medio de niños han nacido gracias a las técnicas de reproducción asistida. Actualmente 300 mil bebés probeta nacen cada año en el mundo. Pero las ronchas por los adelantos de la reproducción asistida no dejaron de generar preocupaciones sobre el destino de los nacidos por medio de estas técnicas en los procesos experimentales. Incluso, el año pasado en el Senado se radicó una medida para restringir los procedimientos de reproducción asistida en Puerto Rico. La medida no tuvo apoyo de agencias gubernamentales como el Departamento de Justicia, organizaciones como la Comisión de Derechos Civiles, grupos médicos y catedráticos del derecho. Finalmente el proyecto fue rechazado por la propia comisión jurídica del Senado y se estranguló la medida que según el doctor Pedro Beauchamp, carecía de base científica. Hasta hoy, no se han escuchado más controversias sobre el tema. Incluso, el propio Beauchamp, especialista en la materia, asegura que el recurrir a la gestación por medio de una fecundación in vitro ya se ha convertido en “algo completamente común” en la sociedad. Medio siglo de controversias La primera controversia sobre los adelantos médicos de la inseminación artificial ocurrió en la era posguerra, para el 1956. El papa Pío XII, rechazó los procesos de inseminación artificial, pero dejó la puertas abiertas a las formas lícitas de la asistencia al acto natural de la relación sexual. Como este tipo de tecnología continuó desarrollándose, estos principios se aplicarían treinta y ocho años más tarde. El Donum Vitae, documento que se creó en el 1987, condenó como un acto inmoral las reproducciones asistidas tales como la inseminación artificial fuera del matrimonio. Casi veinte años después, el papa Benedicto XVI condenó el proceso nuevamente y reiteró que era una técnica inmoral y en contra de la dignidad del ser humano. Los años han pasado y la tecnología reproductiva ya se ve como una práctica común, en especial en Europa donde ocurren la mayoría de embarazos por medio de este método. Aún así sectores religiosos condenan la técnica de tener hijos sin que suceda el acto sexual entre la pareja, cualquier ayuda externa para la fecundación se toma como intervención de un tercero, y eso precisamente está rechazado por la Iglesia Católica. Pero el doctor Beauchamp, el primer médico que logró el nacimiento de un bebé probeta en Puerto Rico, piensa diferente. Para él, solo los religiosos extremistas se oponen al método de fertilización. “Tengo mi fe en que lo que estoy haciendo es simplemente un instrumento para ayudar la pareja a poder salir encinta: no estoy creando vida, solo Dios crea vida”, expresó el médico explicando que no tuvo dudas religiosas cuando se enfrentó a las críticas de los sectores religiosos y puristas. A medida que han pasado los años, la probabilidad de éxito en las parejas que se someten a los tratamientos ha aumentado. En los años ochenta, solo diez de cada cien parejas sometidas al tratamiento de reproducción lograban un embarazo. La década siguiente aumentó a treinta de cada cien. Hoy en día los mejores laboratorios logran un 70 por ciento de éxito por cada ciclo de fertilización intentado en mujeres menores de 40 años. Después de adlin, cientos Adlin fue la primera, después de ella han sido tantos los concebidos de la misma manera en Puerto Rico, que el doctor Beauchamp no logra recordar la cantidad exacta, aunque, asegura que su clínica no ha llegado a los dos mil nacimientos. “Atiendo de 150 a 250 pacientes al año, imagínate, y llevo 25 años en esto”, exclamó el médico, que confesó que no guarda una relación de amistad con Adlin, aunque si ha sido parte de algunas celebraciones especiales como graduciones y cumpleaños de la joven. Mientras tanto, el deseo de ser madre habita de alguna forma en Adlin. Garantizó que si algún día decidiera tener hijos y tuviera alguna obstáculo para concebir, no dudaría en hacer lo mismo que hicieron sus padres. “Me da curiosidad (tener hijos) e inclusive en un momento dado, cuando era adolescente, le hice el acercamiento a mi mamá para saber si yo podría tener hijos de forma normal. Mi mamá me dijo 'que no tenía que ver una cosa con la otra'”, contestó entre risas la simpática joven que está en proceso de culminar un doctorado en psicología en la Universidad Carlos Albizu. “En la escuela no solían hacerme preguntas. Recuerdo que en sexto o séptimo grado fue la primera vez que me preguntaron directamente, porque eso (la forma en que fue concebida) no era un tema”, recordó la joven que ha tenido “una vida normal”.