Proveen experiencias de inmersión en la naturaleza a jóvenes

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Gerardo E. Alvarado León

A Isaí Echevestre Román le bastaron dos actividades de inmersión en la naturaleza para convencerse de que, en un futuro no muy lejano, podría tener sus propios cultivos y hasta desarrollar una empresa agrícola.

El joven, de 16 años, es participante del Boys & Girls Club de Isabela y, por dos sábados consecutivos, ha visitado la Hacienda La Esperanza, en Manatí, manejada por Para la Naturaleza.

Ambas organizaciones establecieron recientemente una alianza para ofrecerles a niños y jóvenes, de 6 a 18 años, actividades que les permitan experimentar la importancia de tomar acción en la conservación de la naturaleza y el patrimonio histórico.

En sus dos visitas, Isaí ha aprendido desde cómo manejar un vivero y sembrar plantas en tiestos individuales hasta la necesidad de reforestar la isla tras el paso de los huracanes Irma y María hace 13 meses. Además, supo que en La Esperanza se conserva el único trapiche de vapor de su clase existente en el mundo.

“No conocía esos detalles. Para mí, que siempre estoy en casa usando el teléfono (celular), siento que es bueno salir y aprender sobre estas cosas. Es bueno estar pendiente de Puerto Rico como tal”, dijo.

Isaí, quien ha trabajado “haciendo cosas de agricultura”, tampoco sabía que puede rentar algunas de las más de 2,300 cuerdas en La Esperanza y “sacarles provecho” sembrando.

“Pienso que podría sembrar algunas cuerdas y seguir así en diferentes partes de Puerto Rico. Estoy en un club de empresarismo y quiero estudiar Administración de Empresas. Veo que puedo hacer un negocio de la agricultura, para lograr que lo que consumimos en Puerto Rico sea producido aquí también”, afirmó.

Para Noel Soler, director del Boys & Girls Club de Isabela, la actitud de Isaí refleja el objetivo de la alianza con Para la Naturaleza: concienciar a los niños y jóvenes sobre la conservación del país.

“Mediante estas actividades, en las que los chicos tienen contacto directo con la naturaleza, pueden involucrarse en el proceso de recuperación. Además, son actividades que también los pueden ayudar a desarrollar sus profesiones y carreras”, dijo Soler.

“Darle continuidad”

En total, 260 niños y jóvenes, de los 13 centros de Boys & Girls Clubs de Puerto Rico, participarán en las actividades de inmersión, indicó el presidente de Para la Naturaleza, Fernando Lloveras.

Las actividades se extenderán por un año, todos los sábados.

Lloveras explicó que la alianza se logró gracias a una donación, de $65,000, de la National Recreation Foundation. Describió la iniciativa como un “proyecto piloto” del campamento de verano que, por los pasados 20 años, Para la Naturaleza ha ofrecido.

“Hemos desarrollado todo un currículo para niños y jóvenes. El programa de inmersión a la naturaleza ha sido muy exitoso, pero siempre teníamos el interés de que no se quedara en el verano, sino darle continuidad a ese impacto y envolvimiento que logramos”, señaló Lloveras.

Los participantes de Boys & Girls Clubs tendrán experiencias “de primera mano” en cinco áreas manejadas por Para la Naturaleza: La Esperanza, en Manatí; Hacienda Buena Vista, en Ponce, Cañón de San Cristóbal, en Barranquitas; Cabezas de San Juan, en Fajardo; y Antiguo Acueductos del Río Piedras, en San Juan.

En sus excursiones de campo, dijo Lloveras, los niños y jóvenes conocerán e investigarán los diversos ecosistemas.

Añadió que, en una segunda fase, los participantes colaborarán como ciudadanos científicos al integrarse al programa Mapa de Vida. Este último es un proyecto que levanta datos científicos sobre los ecosistemas del país, que luego se usan para ayudar a diseñar planes manejo y elaborar estrategias de conservación a pequeña escala.

Durante su participación en Mapa de Vida, los niños y jóvenes saldrán al campo junto a expertos de Para la Naturaleza y registrarán sus hallazgos de flora y fauna. Además, aprenderán a identificar vegetación, reptiles y aves, así como a asistir en la preparación de perfiles de playas.

Los participantes también se incorporarán al programa Hábitat, que procura la restauración ecológica y comunitaria tras los huracanes, y tiene como meta la siembra de 750,000 árboles para el año 2024. Participarán como voluntarios en las siembras y visitarán los viveros para aprender a colectar semillas, qué hacer para que germinen y cuáles son los procesos de cultivo necesarios antes de sembrar un árbol nativo.

“Es un gran sueño poder expandir uno de nuestros programas más exitosos y darles la oportunidad a niños y jóvenes a que mantengan y evolucionen su relación con la naturaleza”, concluyó.

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