“Renacen” dos especies de árboles en Puerto Rico

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Gerardo E. Alvarado León
Pisonia horneae es un árbol de tamaño mediano, cuyo hábitat está casi restringido al karso del norte de Puerto Rico. (Suministrada)

Una investigación recién concluida desenmarañó la historia ambigua y confusa, de más de 120 años, sobre dos especies endémicas de árboles, que ahora honran con sus nombres a un par de mujeres importantes en la divulgación de la ciencia botánica en Puerto Rico.

Pisonia roqueae y Pisonia horneae son los nuevos nombres que los científicos Jorge Carlos Trejo Torres y Marcos Caraballo Ortiz les dieron a los árboles, descritos por primera vez en 1896 y objeto de debates taxonómicos desde entonces. Pisonia roqueae reconoce a la etnobotánica amateur puertorriqueña Ana Roqué de Duprey, y Pisonia horneae, a la ilustradora estadounidense Frances Horne.

En entrevista telefónica con El Nuevo Día desde Mérida, México, Trejo Torres indicó que ambas especies pertenecen al género Pisonia y se les conoce comúnmente como árbol de corcho. Resaltó, de paso, que Puerto Rico cuenta ahora con seis árboles de este género, superando al resto de las Antillas Mayores.

En detalle 

Sobre Pisonia roqueae, explicó que se trata de un “árbol grande”, que puede llegar a los 45 pies de altura, y su tronco, a los tres pies de ancho. “Es una especie de las montañas”, dijo, al precisar que habita en las elevaciones de Luquillo, Maricao y Barranquitas.

En cuanto a peculiaridades de la especie, Trejo Torres destacó que son “detalles muy técnicos”, como que sus flores masculinas están agrupadas en una “cabezuela o pelotita”. Señaló, además, que es la más alta de las seis especies de Pisonia en Puerto Rico.

De Pisonia horneae, comentó que es un “árbol mediano”, cuyo hábitat está “casi restringido” al karso del norte. También están en la Sierra de Pandura, en Yabucoa.

“La peculiaridad de esta especie es que sus frutos son elípticos. Tiene 10 líneas de glándulas pegajosas a lo largo de todo el fruto. Otro detalle es que tiene hojas membranosas y finamente aterciopeladas”, precisó Trejo Torres, quien es investigador en The Institute for Regional Conservation, en Florida.

Algo de historia 

Trejo Torres relató que, en 1896, se descubrió una especie de árbol en Puerto Rico, que fue “bautizada” como Pisonia gigantophylla. El experto, sin embargo, la descartó en 1905 por entender que se trataba de otra especie.

Posteriormente, el árbol fue referido a otras dos especies: Pisonia subcordata y Pisonia albida.

Luego, en las décadas de 1980 y 1990, el “botánico de las Antillas”, George Proctor, reconoció dos especies de árboles de Puerto Rico e informalmente las llamó “Pisonia borinquena” y “Pisonia woodburyana”. Los nombres se escriben entre comillas, precisamente, porque son informales.

“Nos dimos cuenta, en nuestra investigación, de que esos ejemplares de museo que se usaron para describir a la gigantophylla, luego referidas a la subcordata y albida, y después como ‘borinquena’ y ‘woodburyana’, son efectivamente dos especies distintas”, dijo Trejo Torres.

“Por tecnicismos taxonómicos de la nomenclatura científica, no podemos rescatar el nombre gigantophylla (estuvo basado en una mezcla de las dos especies, que en 1896 se creía eran solo una). Decidimos no usar los nombres de Proctor, y que era mejor renombrarlos”, agregó.

En resumen, expuso que el valor de su investigación estriba en “desenmarañar una historia de más de 120 años”, y clarificar –“de una vez y por todas”– que en Puerto Rico hay dos especies de Pisonia que, aunque son conocidas por el mundo botánico, no estaban científicamente catalogadas.

“Queremos que la gente que las estudie se refiera a ellas con propiedad”, aseveró.

"Poco valorada" 

Cuestionado sobre la decisión de honrar a Roqué de Duprey y Horne, explicó que son dos mujeres cuya labor ha sido “poco valorada y poco difundida”.

“Hay una analogía interesante. Así como estos árboles pasaron desapercibidos y poco atendidos por la comunidad científica, lo mismo ha ocurrido con la obra de estas dos mujeres tan importantes”, dijo.

Contó que Roqué de Duprey dedicó cerca de tres décadas de su vida a preparar el manuscrito Botánica antillana: introducción al estudio de la flora pintoresca de Puerto Rico y las Indias Occidentales. El manuscrito, fechado en 1925 y cuyo objetivo era hacer la botánica accesible al país, nunca publicó.

Horne, por su parte, vivió 45 años en Puerto Rico y se dedicó a pintar plantas y aves. Hizo aproximadamente 750 acuarelas de plantas, que estaban destinadas al proyecto Flora Puertorriqueña, de Nathaniel Britton, que tampoco publicó. De todas sus acuarelas, 44 fueron publicadas en la revista Addisonia entre 1922 y 1932, y otras 48 aparecieron en el libro Árboles comunes de Puerto Rico y las Islas Vírgenes. Antes de morir, donó sus acuarelas al Jardín Botánico de Nueva York.

La investigación de Trejo Torres y Caraballo Ortiz fue publicada el mes pasado en la revista especializada PhytoKeys. El artículo está disponible en el portal https://phytokeys.pensoft.net/article/11249/. Los autores prevén hacer una presentación en la isla en noviembre.

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