Sale a flote el urbanismo mal pensado

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Gerardo E. Alvarado León /galvarado@elnuevodia.com

BAYAMÓN - El derrumbe -hace dos días- de un mogote en la comunidad Villa España, en este pueblo, es quizás la manifestación más extrema del urbanismo mal pensado en toda la Isla, modelo que se cimienta en un sistema con más debilidades que fortalezas.

De hecho, todavía se mantienen las condiciones que hace 50 años dieron paso al establecimiento de esta comunidad a los pies de una formación sumamente inestable. Bayamón es parte de la zona kárstica del país, particularmente de la zona caliza del Norte, donde los procesos de disolución y corrosión son más evidentes.

Entre las condiciones que aún persisten figuran, por ejemplo, que Puerto Rico carece de un Plan de Uso de Terrenos, no todos los pueblos tienen un Plan de Ordenamiento Territorial, la Junta de Planificación (JP) ni la Oficina de Gerencia de Permisos cuentan con divisiones exclusivas de geología e hidrogeología, y los mapas de trabajo son antiquísimos.

“En un país como este, con una geología tan compleja, nada de eso se toma en cuenta... y no se toma en cuenta porque no les conviene a los desarrolladores”, resumió ayer el ingeniero geológico, Mario Soriano Ressy.

“No ha sido la naturaleza la culpable de estos eventos (deslizamientos y hudimientos), sino nuestro afán como sociedad de permitir la construcción en lugares inadecuados, muchas veces impulsado por un afán de lucro y en menosprecio por la vida y propiedad, así como en detrimento de los servicios ecológicos de los que dependemos para nuestro desarrollo”, dijo, por su parte, el presidente del grupo Ciudadanos del Karso (CDK), Abel Vale.

En el caso de Villa España, indicó Soriano Ressy, no solo se excavó el mogote, sino que se cortó parte del terreno para ubicar la fila de casas más próximas a la formación. Esto, según explicó, inestabilizó el lugar y el derrumbe es indicativo de que “el mogote está buscando nuevamente su ángulo de reposo; está reclamando su sitio”.

Mala planificación ponen viviendas en riesgo 

Soriano Ressy y Vale coincidieron en que este tipo de “intervenciones indebidas” se ha llevado a cabo en cientos de lugares en la Isla, y ejemplo de ello son los deslizamientos, caídas de rocas y colapsos de sumideros ocurridos en la urbanización Valle de Araná, en Corozal; Monte Verde y Los Rosales II, en Manatí; el barrio Unibón, en Morovis; y la urbanización Cerca del Cielo, en Ponce, entre muchos otros.

Al igual que Villa España, manifestaron ambos, estas comunidades tenían permisos de construcción, pero se erigieron bajo en un sistema que no fiscaliza las peticiones de desarrollos.

“¿Quién se supone que fiscalice? La JP. ¿Y quién es la misma que mira para el lado? La JP”, sostuvo Vale.

Entretanto, Soriano Ressy señaló que quienes pierden en esta trama son los dueños de hogares: primero, porque al comprar sus casas no son orientados sobre los riesgos geológicos del área; segundo, porque un derrumbe los puede dejar en la calle; y tercero, porque difícilmente conseguirán un seguro que les cubra tras la emergencia.

De hecho, la comisionada de Seguros, Angela Wayne, confirmó que “típicamente” las pólizas de propiedad no cubren landslide (derrumbes o deslizamientos). Igualmente, Arturo Carrión, vicepresidente de la Asociación de Bancos, indicó que la posible cubierta de un seguro en situaciones como esta “hay que evaluarla caso a caso”.

Debían irse hace dos años

De otra parte, la geóloga Ruth Vélez, del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales, informó que hace dos años, tras un derrumbe en el mismo mogote de Villa España, recomendó el desalojo permanente de las familias que viven más próximas a la formación, pero nadie le hizo caso.

Dijo que entregó sus recomendaciones a la Agencia Estatal para el Manejo de Emergencias y Administración de Desastres (Aemead), pero no pudo explicar por qué no se tomaron en cuenta. Empero, reconoció que sus sugerencias no siempre son políticamente agradables y podrían conllevar el desembolso de grandes sumas de dinero.

Ayer, Vélez reiteró su pedido de desalojar permanentemente las seis a 10 viviendas más próximas al mogote. Otras 13 casas se mantenían desalojadas de forma permanente, ya que las rocas que aún bajaban del mogote representaban una amenaza.

El director ejecutivo de la Aemead, Miguel Ríos, sostuvo que aún no hay estimados de pérdidas económicas.

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