Voluntarios siembran mangle rojo en Condado para evitar la erosión costera

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Alonso Daboub Bullón
El mangle rojo se utiliza debido a su habilidad de manejar alta salinidad, lo cual lo hace ideal para costas cerca del océano. (Pablo Martínez Rodríguez)

En las Playitas de San Gerónimo, la amenaza de la erosión se puede ver. Frente a las olas calmadas de la Laguna del Condado, una orilla de pasto termina bruscamente. Y justo aquí, miembros del Estuario de la Bahía de San Juan se reunieron, con voluntarios de L’Oréal Caribe, para sembrar mangle rojo, una especie que puede prevenir la pérdida de costa, que presenta un riesgo para las tierras y los edificios de la popular área.

La siembra de vegetación costera se llevó a cabo el pasado jueves, con más de 80 voluntarios de la compañía que sacaron el día para ayudar. Junto a miembros del Estuario –que coordinaron el evento como forma de contribuir a la resiliencia costera–, se reunieron bajo el sol de la mañana para cavar hoyos y sembrar, en total, 390 individuos de plantas, de siete diferentes especies.

Estas plantas, explicaron coordinadores, sirven la doble función de sostener el ambiente natural y, a la vez, enfocar la atención en la importancia de la conservación.

“Se vuelve como parte de la cultura, ¿no? Hablar y pensar de una manera responsable”, dijo Brenda Torres Barreto, directora ejecutiva del Estuario, quien explicó que el evento se trató no solo de sembrar plantas, sino también de entender la importancia de “lograr, poco a poco, transformar una mente hacia la responsabilidad social”.

En esa línea, destacó el rol único del Estuario de coordinar esfuerzos entre organizaciones, gobierno, empresas y el público a través de la isla. También, subrayó el valor para la entidad de fomentar colaboraciones, tanto con compañías como con el gobierno, pues le permiten mantener información actualizada sobre la condición del estuario, que conforma una red de ríos, canales y lagunas que se extiende hasta la costa en ocho municipios entre Toa Baja y Loíza.

“Hay empoderamiento en cuanto a lograr conectar grupos, en estas regiones, para mejor coordinar los esfuerzos de conservación”, dijo a El Nuevo Día.

Por el lado de L’Oréal, la participación de los voluntarios fue posible gracias al “Día del Ciudadano”, una tradición que la compañía tiene hace ya 15 años.

“Va más allá del valor simbólico de devolver tiempo”, comentó Gilles Delaunay, gerente general de L’Oréal Caribe. “O sea, somos una empresa grande, tenemos esa capacidad de tener acceso a mucha gente y ser ejemplo de dar de nuestro tiempo para apoyar cosas”, agregó, al destacar la unión de esfuerzos en el sector privado para contribuir a la conservación ambiental.

“Sin mangles, no hay costa”

El mangle rojo, que dominó entre la variedad de especies, se sembró como un esfuerzo de infraestructura verde, que se refiere a aprovechar la naturaleza para solucionar problemas relacionados con diseño, ingeniería y otros asociados con el urbanismo.

“(Con) los mangles, en particular, es el hecho de que evitan que las costas, que es uno de los recursos naturales más hermosos que tenemos acá, en esta isla, se erosionen, se nos vayan”, destacó Jessie Juarbe, quien es especialista en infraestructura verde y apoyó el evento.

Mencionó, por ejemplo, que, para intentar frenar la erosión en esta área, en el pasado, se usaron bloques de concreto, un esfuerzo que, sin embargo, resultó infructuoso. Ahora, los mangles podrán funcionar donde toneladas de concreto fallaron.

“Sin mangles, no hay costa. Sin costa, no hay tierra”, resumió, en tanto, María Gabriela Huertas, gerente de relaciones multisectoriales del Estuario, tras explicar que los esfuerzos de infraestructura verde utilizan la biología y la química de las plantas sembradas para solucionar problemas específicos.

En este caso, las raíces de las plantas compactan con la tierra que habitan, fortaleciéndola para evitar erosión. El mangle rojo se utiliza debido a su habilidad de manejar alta salinidad, lo cual lo hace ideal para costas cerca del océano, pero también se pueden sembrar diferentes especies, en diversas áreas, según la condición del agua. De esta forma, se pueden aprovechar los aspectos naturales de las plantas para evitar la erosión por todo el estuario.

“Se necesita a los ciudadanos, número uno”, subrayó Torres Barreto, al hablar sobre la relevancia de prestar más atención a la naturaleza con estas actividades. Recalcó que, con las siembras, se crea una relación personal con el ambiente, por lo que –a su juicio– son eventos que contribuyen a la resiliencia y ayudarán preservar y apreciar la belleza de la tierra boricua por generaciones.

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