Boricua integra selecto grupo de radiólogos pediátricos intervencionales

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Gerardo E. Alvarado León
Weber-Guzmán, de 38 años, explicó que la rama de la medicina que practica es una mediante la cual se hacen diagnósticos y tratamientos con la ayuda de la radiología. (Suministrada)

Ochenta puede parecer un número alto, pero cuando se refiere al grupo de radiólogos pediátricos intervencionales en todo Estados Unidos y Latinoamérica, se vuelve una cifra muy limitada.

La doctora puertorriqueña Fabiola Weber-Guzmán integra ese selecto grupo, y actualmente es una de apenas dos radiólogos pediátricos intervencionales en el estado de Florida. Como facultativa del NemoursChildren’s Hospital, con sede en Orlando, lo menos que le falta es trabajo.

“La cantidad de trabajos que tenemos mi colega y yo es bastante fuerte porque recibimos pacientes de todos lados. Vienen pacientes de Florida, pero también de todo el sureste estadounidense y muchos puertorriqueños, no solo por la gran cantidad de boricuas que hay aquí, sino porque en la Isla no tienen opciones de tratamiento”, dijo.

Weber-Guzmán, de 38 años, explicó que la rama de la medicina que practica es una mediante la cual se hacen diagnósticos y tratamientos con la ayuda de la radiología (ultrasonido, CT scan, fluoroscopía, etc.). Es una rama que “cubre un poco de todo”, por lo que la interacción con especialistas y subespecialistas es cosa de todos los días.

 

 

A modo de ejemplo, ilustró que un nefrólogo pediátrico pudiera necesitar una biopsia de tejido renal y que ella, usando ultrasonido y una aguja pequeña, puede obtener un espécimen del riñón, dársela al patólogo y el paciente se va a su casa el mismo día. “En este caso, mi trabajo evita que se haga una biopsia abierta. El enfoque de la radiología intervencional y vascular es mínimamente invasivo; con la ayuda de las imágenes nos aseguramos de estar donde tenemos que estar”, afirmó.

Weber-Guzmán, quien se crió en Mayagüez, añadió que con su trabajo también puede colocar un acceso venoso bajo la piel de pacientes que van a recibir quimioterapia, romper coágulos insertando un catéter por las venas, matar células cancerosas en los huesos, y aspirar líquido e inyectar esteroides en coyunturas inflamadas, entre muchas otras cosas.

“El enfoque mayor de mi práctica, basado en el entrenamiento que recibí, es para anomalías vasculares pediátricas; la gran mayoría son congénitas. Como un 30%-40% de mi práctica se dedica a anomalías vasculares. Esta es una rama de la medicina que ha variado mucho a través de los años; antes se hacían muchas amputaciones a los niños, que ahora se pueden mantener”, indicó.

¿Cómo se decidió por la radiología pediátrica intervencional?, preguntó El Nuevo Día, a lo que Weber-Guzmán respondió que como estudiante de medicina no estuvo muy expuesta a la disciplina, por lo que supo de su existencia haciendo investigación independiente y hablando con colegas.

“Como estudiante de medicina, hice una ronda por radiología, pero no hacíaintervenciones. Yo iba a ser una pediatra normal, pero me di cuenta de que el componente de hacer procedimientos me gustaba mucho, y también me gustaba la radiología. Así que cuanto me enteré que podía combinar ambas cosas en la radiología pediátrica intervencional, me dije que esto era para mí y ahora puedo hacer las dos cosas que más me gustan”, sostuvo.

Weber-Guzmán hizo un bachillerato en biología combinado entre la Universidad de Puerto Rico  y la Iowa State University, Ames.  Luego estudió en la Escuela de Medicina de Ponce, hizo su año de internado en pediatría en el Georgia Regents Medical Center Children’s Hospital of Georgia, y cuatro años de radiología general en la Georgia Regents University . Después se fue al Boston Children’s Hospital de la Universidad de Harvard, donde completó un año en radiología pediátrica y otro año en radiología intervencional y vascular pediátrica.

“Empecé en el Nemours Children’s Hospital desde agosto de 2013, cuando el hospital llevaba apenas 10 meses abierto. Eso fue un atractivo para venir a trabajar aquí; poder ser parte del crecimiento del hospital. Este hospital fue construido y localizado para ser un centro de excelencia para cuidado pediátrico; no había nada igual en todo el sureste de Estados Unidos. La visión también incluyó poder ofrecerle servicios al Caribe y Suramérica, así que el hospital queda a unos 10 minutos del aeropuerto de Orlando”, dijo Weber-Guzmán, quien es casada, tiene tres hijos de 16, 11 y 9 años, y viaja a Puerto Rico al menos dos veces al año.

“Es un halago saber que los servicios que ofrezco son beneficiosos para los pacientes; tantos años de entrenamiento están dando frutos. Me gusta estar en Orlando; la población de puertorriqueños es bien alta y me hace sentir como en casa. Les puedo hablar a mis pacientes en español y entender sus gestos; saber que le puedo ofrecer servicios a mi pueblo desde acá es una experiencia bien gratificante”, concluyó.

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