El planeta enano más famoso

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Rut N. Tellado Domenech / rtellado@elnuevodia.com
En esta imagen captada por el Telescopio Espacial Hubble, Plutón luce brillante al centro, rodeado por las lunas Caronte (justo debajo de él), Nix e Hydra (ambas a la derecha).

Como el último cuerpo celeste del sistema solar en alcanzar la categoría de planeta y el primero en perderla, Plutón cuenta con una curiosa historia de altas y bajas que comenzó a principios del siglo XX.

Durante varias décadas, se pensó que existía un “

Como el último cuerpo celeste del sistema solar en alcanzar la categoría de planeta y el primero en perderla, Plutón cuenta con una curiosa historia de altas y bajas que comenzó a principios del siglo XX.

Durante varias décadas, se pensó que existía un “Planeta X” que orbitaba más allá de Urano y Neptuno y que causaba pequeños cambios en los movimientos de ambos planetas. El primero en notar estos cambios fue el astrónomo estadounidense Percival Lowell, quien murió en 1916 sin encontrar el planeta que los causaba.

Trece años después el Observatorio Lowell, en Flagstaff, Arizona, reanudó la búsqueda iniciada por su fallecido fundador. Para ello contó con un telescopio de 13 pulgadas y con el trabajo del astrónomo aficionado Clyde W. Tombaugh, de 23 años.

La paciente labor consistía en tomar fotografías de diminutas regiones del cielo, esperar luego unos días, y volver a captar nuevas imágenes de la misma zona para poder notar si algún objeto se había movido en tal plazo. Así, tras casi un año de trabajo, el 18 de febrero de 1930, Tombaugh notó un pequeño punto de luz que se había movido respecto a las estrellas de fondo.

El observatorio, sin embargo, hizo público el descubrimiento varias semanas después, una vez confirmó que se trataba de un nuevo planeta. Realizó el anuncio el 13 de marzo, para coincidir con el cumpleaños de Lowell, su fundador.

La noticia viajó el mundo y llegó a Inglaterra, donde una niña de 11 años, llamada Venetia Burney, sugirió un nombre para el nuevo planeta mientras desayunaba con su madre y su abuelo en Oxford.

“Mi abuelo leyó en el desayuno la gran noticia y dijo que se preguntaba cómo sería llamado. Y por alguna razón, después de una breve pausa, dije: ‘¿Por qué no lo llaman Plutón?’ ”, relató Burney, en una entrevista hecha por Edward Goldstein para la Administración de Aeronáutica y el Espacio de Estados Unidos (NASA, por sus siglas en inglés) en el 2006.

“Yo estaba bastante familiarizada con las leyendas griegas y romanas gracias a varios libros para niños que había leído, y por supuesto conocía el sistema solar y los nombres que los otros planetas tienen. Así que supongo que sólo pensé que se trataba de un nombre que no había sido utilizado”, agregó.

El abuelo, Falconer Madan, quien había sido bibliotecario de la Universidad de Oxford, le mencionó la sugerencia de la niña al profesor y astrónomo Herbert Hall Turner, quien envió un telegrama al Observatorio Lowell.

La idea fue acogida con beneplácito porque Plutón, nombre del dios romano del inframundo, recuerda lo lejos que este cuerpo celeste se encuentra del Sol (a un promedio de 3,600 millones de millas). Otra razón de peso fue que las primeras letras del nombre coinciden con las iniciales de Percival Lowell, fundador del observatorio.

Después del descubrimiento de Plutón, se determinó que era demasiado pequeño para provocar discrepancias en las órbitas de los otros planetas. De hecho, dichas discrepancias resultaron ser errores de cálculo.

Despierta dudas

A medida que los científicos fueron aprendiendo más acerca de Plutón se empezó a cuestionar si este era efectivamente un planeta. Con solo 1,400 millas de ancho, es más pequeño que nuestra Luna. Su órbita es ovalada, lo que hace que no siempre esté a la misma distancia del Sol. La trayectoria orbital de Plutón forma un ángulo de 17 grados por encima del plano donde orbitan los ocho planetas del sistema solar, según la NASA.

A estas particulares características se añade el descubrimiento de pequeños objetos más allá de Neptuno y que en 2003 se encontró uno (Eris) más grande que Plutón y con su propia luna.

Ante este panorama, la Unión Astronómica Internacional -organización que reúne a los astrónomos- formó un comité que acordó cómo se debe definir a un planeta. De acuerdo con una nota de BBC Mundo, “se decidió que no bastaba con girar alrededor del Sol, tener suficiente masa para que su propia gravedad lo transforme en un objeto rígido, casi redondo, y tener lunas propias para ser catalogado como planeta”.

“Para disfrutar de ese estatus, un objeto tiene que haber absorbido todo el otro material que lo rodea. Los ocho objetos que reciben el nombre de planetas, barrieron su órbita por completo. Plutón, por el contrario, convive con otros objetos de similar tamaño”, agrega BBC Mundo.

En una votación realizada por la unión el 24 de agosto de 2006, Plutón pasó a ser considerado un “planeta enano”.

Esta nueva categoría fue definida como “un cuerpo celeste que está en órbita alrededor del Sol, que tiene suficiente masa para tener gravedad propia para superar las fuerzas rígidas de un cuerpo de manera que asuma una forma redonda; que no ha despejado las inmediaciones de su órbita y que no es un satélite”.

Planeta o no, Plutón espera la llegada de la cápsula de la NASA New Horizons, prevista para el 2015, para revelar sus secretos.

” que orbitaba más allá de Urano y Neptuno y que causaba pequeños cambios en los movimientos de ambos planetas. El primero en notar estos cambios fue el astrónomo estadounidense Percival Lowell, quien murió en 1916 sin encontrar el planeta que los causaba.

Trece años después el Observatorio Lowell, en Flagstaff, Arizona, reanudó la búsqueda iniciada por su fallecido fundador. Para ello contó con un telescopio de 13 pulgadas y con el trabajo del astrónomo aficionado Clyde W. Tombaugh, de 23 años.

La paciente labor consistía en tomar fotografías de diminutas regiones del cielo, esperar luego unos días, y volver a captar nuevas imágenes de la misma zona para poder notar si algún objeto se había movido en tal plazo. Así, tras casi un año de trabajo, el 18 de febrero de 1930, Tombaugh notó un pequeño punto de luz que se había movido respecto a las estrellas de fondo.

El observatorio, sin embargo, hizo público el descubrimiento varias semanas después, una vez confirmó que se trataba de un nuevo planeta. Realizó el anuncio el 13 de marzo, para coincidir con el cumpleaños de Lowell, su fundador.

La noticia viajó el mundo y llegó a Inglaterra, donde una niña de 11 años, llamada Venetia Burney, sugirió un nombre para el nuevo planeta mientras desayunaba con su madre y su abuelo en Oxford.

“Mi abuelo leyó en el desayuno la gran noticia y dijo que se preguntaba cómo sería llamado. Y por alguna razón, después de una breve pausa, dije: ‘¿Por qué no lo llaman Plutón?’ ”, relató Burney, en una entrevista hecha por Edward Goldstein para la Administración de Aeronáutica y el Espacio de Estados Unidos (NASA, por sus siglas en inglés) en el 2006.

“Yo estaba bastante familiarizada con las leyendas griegas y romanas gracias a varios libros para niños que había leído, y por supuesto conocía el sistema solar y los nombres que los otros planetas tienen. Así que supongo que sólo pensé que se trataba de un nombre que no había sido utilizado”, agregó.

El abuelo, Falconer Madan, quien había sido bibliotecario de la Universidad de Oxford, le mencionó la sugerencia de la niña al profesor y astrónomo Herbert Hall Turner, quien envió un telegrama al Observatorio Lowell.

La idea fue acogida con beneplácito porque Plutón, nombre del dios romano del inframundo, recuerda lo lejos que este cuerpo celeste se encuentra del Sol (a un promedio de 3,600 millones de millas). Otra razón de peso fue que las primeras letras del nombre coinciden con las iniciales de Percival Lowell, fundador del observatorio.

Después del descubrimiento de Plutón, se determinó que era demasiado pequeño para provocar discrepancias en las órbitas de los otros planetas. De hecho, dichas discrepancias resultaron ser errores de cálculo.

Despierta dudas

A medida que los científicos fueron aprendiendo más acerca de Plutón se empezó a cuestionar si este era efectivamente un planeta. Con solo 1,400 millas de ancho, es más pequeño que nuestra Luna. Su órbita es ovalada, lo que hace que no siempre esté a la misma distancia del Sol. La trayectoria orbital de Plutón forma un ángulo de 17 grados por encima del plano donde orbitan los ocho planetas del sistema solar, según la NASA.

A estas particulares características se añade el descubrimiento de pequeños objetos más allá de Neptuno y que en 2003 se encontró uno (Eris) más grande que Plutón y con su propia luna.

Ante este panorama, la Unión Astronómica Internacional -organización que reúne a los astrónomos- formó un comité que acordó cómo se debe definir a un planeta. De acuerdo con una nota de BBC Mundo, “se decidió que no bastaba con girar alrededor del Sol, tener suficiente masa para que su propia gravedad lo transforme en un objeto rígido, casi redondo, y tener lunas propias para ser catalogado como planeta”.

“Para disfrutar de ese estatus, un objeto tiene que haber absorbido todo el otro material que lo rodea. Los ocho objetos que reciben el nombre de planetas, barrieron su órbita por completo. Plutón, por el contrario, convive con otros objetos de similar tamaño”, agrega BBC Mundo.

En una votación realizada por la unión el 24 de agosto de 2006, Plutón pasó a ser considerado un “planeta enano”.

Esta nueva categoría fue definida como “un cuerpo celeste que está en órbita alrededor del Sol, que tiene suficiente masa para tener gravedad propia para superar las fuerzas rígidas de un cuerpo de manera que asuma una forma redonda; que no ha despejado las inmediaciones de su órbita y que no es un satélite”.

Planeta o no, Plutón espera la llegada de la cápsula de la NASA New Horizons, prevista para el 2015, para revelar sus secretos.

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