La otra cara del sargazo

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Por: 

Dr. Jorge Bauzá-Ortega

Mucho se ha comentado del sargazo en los pasados días de verano.

De que está llegando por toneladas a nuestras playas, es un hecho. De que se acumula en la orilla evitando a los bañistas disfrutar su día de playa y a los chiquillos construir sus castillos de arena, más que cierto.

Y como si fuese poco, otros experimentaron la desagradable urticaria que produce el sargazo al contacto con las zonas sensibles de la piel.

Lanchas atrapadas en sus muelles por sargazo y un fuerte olor a putrefacción es otra de las estampas vividas este verano en nuestras costas.

Como posible acción al problema se menciona el potencial de convertir este sargazo en un recurso. Por ejemplo, producir composta y fertilizantes, restaurar dunas y playas y quien saber si hasta general biocombustible.

De lo que se comenta poco es de la otra cara del sargazo, de su incalculable importancia ecológica en los océanos.

La realidad es que el sargazo es un bosque tropical flotante, un Amazonas viajero y sin fronteras. Diverso en especies que enriquecen los mares, los golfos y las bahías en su viaje a merced de las corrientes.

Pues la historia comienza en el Océano Atlántico Norte, en el llamado Mar de los Sargazos, a 1,500 kilómetros de distancia de nuestras costas. Es allí que estos parchos se desprenden y transitan como islas flotantes por el océano recogiendo y liberando pasajeros y transeúntes. Pues el sargazo vive y da vida flotando en la superficie del océano gracias a pequeñas esferas, llamadas neumatocistos, repletas de oxígeno puro. Sargazo con sargazo se crea entonces un gran armazón, un hábitat colgante, un refugio en tres dimensiones, donde múltiples especies se alimentan, se protegen, se reproducen y completan su función de vida.

¿Cuánta vida sustenta el sargazo? Pues la literatura científica identifica que unas 127 especies de peces y más de 145 especies de invertebrados habitan el sargazo en algún momento de sus vidas. De hecho, existen unas 10 especies que son endémicas, únicas al sargazo todo el tiempo. Entre estas se encuentra un cangrejo ( Planes minutes), un camaroncito ( Latreutes fucorum), una anemona ( Anemonia sargassensis) y el famoso pez de los sargazos ( Histrio histrio).

Hablemos del pez de los sargazos, un ejemplo emblemático de lo que es la adaptación y evolución de las especies a su medio ambiente. Primero que su color y forma es idéntica al sargazo, mejor dicho, parece más un fragmento de sargazo que un pez. Un camuflaje perfecto para protegerse de sus depredadores, pero, más aún, para hacerse invisible a sus presas. Pues este pez captura o más bien “pesca” sus presas, que son otros peces más pequeños, camaroncitos y tal vez cangrejitos.

Sucede que la primera espina en su dorso actúa como una caña de pescar con señuelo, pues la mueve para atraer a su presa a la distancia perfecta, a milímetros de su boca. Y como su fuera poco, sus aletas pectorales son “prensiles”, es decir, tienen agarre como si fuesen dedos.

Peces espadas, dorados, jureles, atu- nes, tiburones y delfines también se alimenta de los pasajeros del sargazo. Pues se crea toda una cadena alimenticia alrededor y bajo estos bosques flotantes. Interesante, pues estas mismas especies que se alimentan hoy día de las presas que trae el sargazo, en algún momento, encontraron refugio en el sargazo cuando eran larvas y juveniles indefensos. No hay más que sacudir un “matojo” de sargazo para confirmar su gran biodiversidad. Para ver caer cantidad de larvas, de peces y de crustáceos muy pequeños que sobreviven gracias a sargazo.

Por lo que no he de extrañar que el Consejo de Manejo de Pesca del Atlántico Sur (entidad responsable de la conservación y manejo de los recursos pesqueros en el Atlántico Sur, Golfo de México y el Caribe) designó el sargazo como Hábitat Esencial de Peces. Designación que se le dan a ciertos ecosistemas marinos por su importancia como hábitat para la propagación y crecimiento peces y otras criaturas marinas.

Pero a diferencia de los bosques tropicales, el sargazo dispersa y nutre de vida a otros ecosistemas marinos distantes. Es decir, conecta y enriquece de especies a otros mares, golfos y bahías que se encuentran a miles de kilómetros de distancia.

Y es que algunos pasajeros abandonan la travesía del sargazo para colonizar ambientes nuevos. Lo que se traduce en mayor diversidad de especies y hasta mejor pesca en estos sitios. Es como si el sargazo fuese el suplidor de criaturas marinas de estos mares, golfos y bahías.

Irónicamente toda esta maravilla ecológica ocurre en ese mismo sargazo que nos arruina el día de playa.

Pero como dijo el poeta español Ramón de Campoamor y Campoosorio (1817-1901): “En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”.

(El autor es oceanógrafo y director científico del Programa del Estuario de la Bahía de San Juan,)

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