¿Por qué son importantes los coquíes?

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Por: 

Aurora Rivera Arguinzoni
Tres especies de coquíes que generaciones presentes y futuras no verán son el coquí Palmeado, visto por última vez en 1973; el coquí Dorado, extinto desde 1981, y el coquí de Eneida, desaparecido desde 1990. (Archivo / GFR Media)

Son parte del embrujo de la Isla del Encanto. Tanto así que antiguos pobladores del archipiélago de Puerto Rico los adoraban. Petroglifos, vasijas y cemíes de los indios Taínos son la mejor evidencia. Los coquíes eran venerados como lo eran la maternidad, el sol, los huracanes y otros elementos de la naturaleza vitales para la vida.

Una de las personas que más tiempo y esfuerzo ha dedicado a investigar a los coquíes  es el doctor en biología Rafael Joglar, profesor e investigador de la Universidad de Puerto Rico por 29 años, quien es autor de numerosos escritos científicos y libros sobre este tema y la biodiversidad local en general. Por eso, era obligado preguntarle a él por qué son importantes los coquíes, las especies nativas –de las que quedan 14- y el resto de las especies en América y el mundo, pues algunas han invadido otros lugares con ayuda del ser humano. Sus respuestas resultan sorprendentes, ya que los coquíes son capaces hasta de alertar sobre amenazas ambientales.

“Hay cuatro razones por las cuales son importantes”, anticipó Joglar. A continuación los porqués.

“Estos animales comen en la noche una gran cantidad de (otros) animales. Son los depredadores nocturnos más importantes de Puerto Rico. Están creando un balance ecológico”, dijo antes que nada.

Joglar estima que en una hectárea de terreno hay 24,000  coquíes. Los adultos comen 2.3 presas por noche, mientras que los juveniles pueden llegar a comer hasta seis. “Son carnívoros y comen todo lo que les pase por el frente y les quepa en la boca: mosquitos, moscas, grillos, saltamontes, inclusive invertebrados pequeños”, enumeró.

De otro lado, los coquíes son alimento para una cantidad significativa de especies. “Son una parte importante en las redes alimentarias en el Caribe y Puerto Rico. Viven en todo Centroamérica, Suramérica y el Caribe”, planteó el investigador. “Hay una enorme cantidad de aves en Puerto Rico que comen coquíes (más de 50), lagartijos y culebras, inclusive invertebrados”, detalló.

Entre esas aves figuran especies endémicas como guaraguaos y múcaros. Para esta última, el coquí es plato principal cuando está en crecimiento ya que componen el 50% de los animales que los múcaros llevan al nido para alimentar a sus crías.

La importancia ecológica

Esta es quizá la razón más impresionante.

“Los anfibios son considerados los mejores biomarcadores del planeta porque nos dan información de la salud ambiental del lugar donde viven. Usualmente viven un tiempo en el agua y otro en la tierra. No tienen protección en su piel (no tienen escamas, pelo, plumas, etc.) y todo lo que esté en el ambiente los impacta directamente. En cualquier lugar donde tengamos muchas especies de anfibios en peligro hay un problema”, reveló.

¿Cuál es la situación en Puerto Rico?, preguntó ELNUEVODIA.COM.

“Ya tres especies desaparecieron y, alser endémicas (que solo han existido en Puerto Rico) no existen (en otro lugar). Esas son terribles noticias ambientales. Si fuéramos inteligentes deberíamos atenderlos con premura”, alertó.

Estas tres especies que generaciones presentes y futuras no verán son el coquí Palmeado, visto por última vez en 1973; el coquí Dorado, extinto desde 1981, y el coquí de Eneida, desaparecido desde 1990.

Pero la mortandad no terminó con ellas, alcaró Joglar. “Tenemos otras 11 o 12 (especies) amenazadas. Tengo la preocupación de que vayamos a perder en los próximos diez años dos más: Caoba y Martillito”, anticipó.

La importancia económica

Si nada de lo anterior pareciera suficiente, hay un aspecto de impacto para los bolsillos, incluso de quienes no sean amantes de los coquíes.

Joglar indicó que si se le fuera a poner un valor económico a la labor de control de plagas y balance ecológico que hacen los coquíes, “tendría un costo multibillonario”.

Además, el amante del turismo de naturaleza aseguró que el coquí es un importante atractivo de Puerto Rico que intriga a muchos extranjeros, y la Compañía de Turismo no ha sabido aprovechar eso para atraer a viajeros como él.

“La Compañía de Turismo todavía no se ha enterado de esto. Puerto Rico tiene un potencial enorme de orientar el turismo hacia lo ecológico. Turismo tiene economistas que pueden hacer el análisis económico, y entrenar ornitólogos como guías. (Recientemente) estuve 39 días en India retratando tigres y necesité guías. Construir 5,000 centros comerciales y carreteras tiene un impacto negativo sobre la naturaleza. El turismo de naturaleza tiene un impacto positivo y protege el ambiente”, destacó.

Como muestra, mencionó que el País tiene 19 aves y 14 coquíes que no se pueden ver en ningún otro lugar del mundo, pero no son las únicas especies endémicas.

La importancia cultural

A juicio de Joglar, el coquí es el símbolo nacional por excelencia y su importancia histórica está clara y, literalmente, grabada en piedra.

“El coquí es, sin duda alguna, el símbolo de Puerto Rico y de los puertorriqueños, de nuestra cultura. Cada vez que se va un puertorriqueño se lleva cerámicas, se lleva discos (del coquí). En Puerto Rico se hacen inventarios continuamente sobre cuál es el símbolo de Puerto Rico y gana consistentemente el coquí”, aseguró.

“Esa fascinación por los coquíes va tan atrás como los taínos. Vas a cualquier lugar donde hubo ancestros nuestros y vas a encontrar petroglifos, cerámicas (con imágenes de coquí). Ellos los adoraban”, recalcó.

Más de 40 años investigando estas especies de anfibios le permiten a Joglar anticipar que, si no se revierten urgentemente conductas que le resultan dañinas, en los próximos diez años podrían perderse especies como la del coquí Caoba y el Martillito.

De acuerdo con Joglar, para frenar la extinción de nuestros coquíes urge reducir la deforestación, la contaminación lumínica que afecta su ciclo de vida como seres nocturnos que son, la huella de carbono y los gases de invernaderos producidos, entre otras cosas, por el consumo de energía de fuentes fósiles.

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