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Eddie N. Laboy Nieves y el respeto al ambiente

Imagen de Wilson Javier Gonzalez-Espada
Eddie Laboy-Nieves
El Dr. Eddie Laboy Nieves ha dedicado su vida a estudiar y educar sobre nuestra naturaleza boricua

Las palabras que escuchó de su abuelo Andrés, siendo un inquieto y trabajador chicuelo, siguen siendo el norte de su vida: “Hay que cuidar bien la tierra y los ríos, porque sin ellos los pobres no pueden comer ni beber”. Inspirado en este mensaje de amor a la tierra, el hoy Dr. Eddie N. Laboy Nieves ha dedicado su vida a estudiar nuestro medio ambiente, y a educar a otros sobre la naturaleza y la importancia de conservar el ambiente.

Sus comienzos en la ciencia

El Dr. Laboy Nieves se interesó en las ciencias desde muy niño, mientras crecía en un ambiente económicamente indigente en el Barrio Marín de Patillas. Con su entorno natural como “laboratorio científico” y sus amiguitos del barrio como “colegas de investigación”, el niño Laboy Nieves creció descubriendo que no había que alejarse mucho para acercarse a las ciencias: “Nos adentrábamos al monte a explorar, a trepar palos, a comer algarrobas (Hymenaea courbaril), mangós (género Mangifera)y guanábanas (Annona muricata), y a cazar pichones. Pescábamos buruquenas (Epilobocera sinuatifrons) y camarones en el río para complementar la ‘mestura’ de la cena”. 

“Desde la niñez, cosas rutinarias como bailar un trompo, hacer carritos y ‘teléfonos’ con latas, volar aviones de papel, observar la transformación de los renacuajos, mecerme en una liana,aguantar la respiración en un charco, encender y mantener el fogón, o preguntarme por qué el coquí (Eleutherodactylus portoricensis) no cantaba de día y el cucubano (Lampyridae family) alumbraba las noches, fueron estructurando las bases de mi pensamiento crítico.” 

Dr Eddie Laboy bajando por una liana

Fue en tercer grado que el Dr. Laboy Nieves se topó con una lupa, su primer instrumento de observación científica. Ese simple lente afinó su forma de observar el mundo que lo rodeaba y lo transformó en un estudiante cada vez más curioso, preguntón y anotador. “Jugar con ese instrumento, escribir y dibujar lo que observaba, fueron los detonantes que metamorfosearon el científico dentro del cuerpo del niño.”

“Durante el diálogo de todos los días, abuelito me fue enseñando a identificar por nombre y cántico muchas de las aves montañeras que hoy conozco. También aprendí el nombre y el olor de las matas que servían para tés, el nombre de las hortalizas y frutas que se podían comer, el asunto de sembrar o no sembrar en menguante, y la importancia de los surcos al labrar la finca.”La tertulia con los mayores fue otra experiencia de vida que moldeó el interés del Dr. Laboy Nieves por la ciencia, particularmente por el ambiente, sus plantas y sus animales. Su abuelo Andrés atendía una tala de tabaco, guineos, gandules, maíz, y otras cosechas. De niño, el Dr. Laboy Nieves tenía la encomienda de llevarle la fiambrera del almuerzo a su abuelo. La subida y el recorrido de la finca lo llevó a observar y conversar con su “viejito” sobre la delicada relación entre el hombre y la tierra. 

Contrariamente a su abuelo, los padres del Dr. Laboy Nieves no eran agricultores. Su mamá era ama de casa y su padre trabajaba como gondolero en un colmado. Sin embargo, siempre lo apoyaron y le enseñaron a trabajar duro, a ahorrar, a compartir y a valorar la importancia de la educación. Pese a las precarias condiciones económicas del hogar, sus padres compraron el Diccionario Enciclopédico Quillet, el cual el Dr. Laboy Nieves describe como “una colección de libros que fue un mundo de conocimientos que devoré y atesoré hasta entrado en la Universidad”.

Su trayectoria como estudiante

A pesar de haberse criado en un ambiente de extrema pobreza, el esfuerzo y la inteligencia del Dr. Laboy Nieves, así como su pasión por el ambiente, lo motivaron en 1975 a entrar al recién inaugurado Programa de Manejo Ambiental de la Universidad de Puerto Rico (UPR) en Río Piedras. Esta experiencia lo marcó profundamente, ya que se dio cuenta de que el progreso tecnológico se había estado alcanzando a costa del sacrificio y la integridad de la naturaleza; que los grandes intereses y la sobrepoblación explotaban los recursos naturales sin pensar en las consecuencias; y que había que establecer reglas, estándares, conductas personales y conductas colectivas para armonizar nuestra relación con los recursos naturales. 

También en la UPR, el Dr. Laboy Nieves aprendió muchas lecciones que le ayudaron a madurar como persona y como científico.  En una reposición de un laboratorio de química alteró los resultados de una titulación para que saliera perfecta. La profesora le confrontó sus resultados al indicarle que no le había dado fenolftaleína para titular, sino agua (“¡que santa vergüenza!, pero qué gran lección de vida”). En la UPR el Dr. Laboy Nieves se dio cuenta, y muy a tiempo, que era un investigador de campo abierto y que no le gustaba estar encerrado en el laboratorio. 

Luego de terminar su bachillerato en 1979, el Dr. Laboy Nieves fue el primer recipiente de una beca del Departamento de Recursos Naturales (DRN) de Puerto Rico y se mudó a las montañas Apalaches en el estado de Maryland, donde en 1982 completó su maestría en Manejo de Vida Silvestre en la Universidad de Frostburg. Ese fue un cambio muy radical, porque tuvo que abandonar su amado terruño tropical y la familia, a fin de alcanzar nuevos horizontes en un ambiente natural y social muy gélido. 

Conocía el inglés de los libros, pero no los modismos coloquiales como “hit the road” o “what’s up”, por lo cual muchas veces fue objeto de burla. El Dr. Laboy Nieves sufrió el prejuicio racial cuando, justo en medio de la crisis de los rehenes estadounidenses en Irán, algunos lo tildaban de iraní por sus facciones persas y lo incitaban a salir de Frostburg. Pero persistió ante la adversidad. Su trabajo de tesis lo llevó de regreso a la Isla, para determinar matemáticamente los componentes principales de la selección del hábitat de anidación del guaraguao (Buteo jamaicensis), ave cuya majestuosidad y soberanía conocía desde la tala de su abuelo, y a la cual el viejito protegía por ser el mejor cazador de las ratas que afectaban las cosechas.

Una carrera dedicada a la naturaleza y la educación

De regreso en Puerto Rico, el Dr. Laboy Nieves laboró como el primer Administrador de la Reserva de Investigación Estuarina de la Bahía de Jobos por cinco años. Ahí aprendió a aplicar la ciencia y las técnicas que había visto en la universidad y se expuso por primera vez a los debates de la utopía versus la realidad de la saga para la protección del ambiente. “Era entonces, y tristemente todavía lo es, muy difícil aspirar al manejo integral de los recursos naturales, cuando los gerentes de los mismos no tenían el presupuesto ni el poder para desarrollar sus planes de manejo. Peor aún, era y sigue siendo decepcionante ver cómo en cada cuatrienio el patrimonio natural de nuestro país está supeditado a los intereses del político de turno.” 

El favoritismo político-partidista y las malas decisiones en los altos niveles del DRN comprometieron la integridad de la Bahía de Jobos e intentaron lacerar la dignidad y reputación profesional del Dr. Laboy Nieves. Esto lo llevó a renunciar a su anhelada carrera como oficial de manejo. Se cerró una puerta, pero se abrieron muchas otras.

Dr. Eddie Laboy con una buruquena

En 1987, el Dr. Laboy Nieves fue seleccionado como el primer Director del Departamento de Ciencias Naturales del Recinto de Guayama de la Universidad Interamericana de Puerto Rico. Aunque conocía de ciencias, no sabía mucho de asuntos académicos, pero se rodeó de excelentes mentores que lo apoyaron. 

En la Inter conoció cómo las instituciones universitarias privadas tienen que batallar para mantener sus arcas, para reclutar y retener a los estudiantes, y para mantener un compromiso con la excelencia educativa. En la Inter también obtuvo sus dos primeros “grants” con la Fundación Nacional de las Ciencias (NSF) y la Agencia para la Protección Ambiental (EPA), para dotar al Recinto con mejor instrumentación para fortalecer las destrezas de investigación, y para desarrollar actividades de educación ambiental, respectivamente. 

En el 1994, y a través de la Inter, el Dr. Laboy Nieves obtuvo una licencia sabática y una beca para completar sus estudios doctorales en el Centro de Ecología del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC). Tenía muchas opciones para hacer su doctorado, pero optó por el IVIC, por ser el “MIT” de América del Sur en lo que a publicaciones, investigación, instalaciones físicas y patentes respecta; por su cercanía geográfica y cultural a Puerto Rico; porque era y es sumamente económico; y porque el doctorado del IVIC es conmensurable con los estándares de un Ph.D. obtenido en los Estados Unidos. En su disertación doctoral el Dr. Laboy Nieves investigó los factores ambientales que limitan la distribución y abundancia de los pepinos de mar (clase Holothuroidea). 

Actualmente, el Dr. Laboy-Nieves es Catedrático de Ciencias Ambientales en la Escuela de Ciencias Naturales y Tecnología de la Universidad del Turabo. Desde agosto 2013 trabaja como Director del Programa Graduado de Ciencias Ambientales, una posición desde la cual el Dr. Laboy Nieves lidera la formación de los futuros científicos que analizarán y contribuirán al estudio y conservación del medio ambiente de Puerto Rico y la Región del Caribe. Además, el Dr. Laboy Nieves fue Presidente del Centro Internacional de Estudios del Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible (CIEMADeS), una organización internacional creada para promover la cooperación y el avance de la agenda para el desarrollo sostenible en la región del Caribe.

Sus consejos para científicos jóvenes

Ha sido en el Turabo, donde el Dr. Laboy Nieves encontró su nicho,  dado a que “institucionalmente hay un compromiso programático, una infraestructura de primer orden, e incentivos para fomentar investigación científica, la publicación de artículos y libros, la internacionalización de la ciencia, y la protección del medio ambiente.” El Dr. Laboy Nieves es el gestor de la Videoteca de la Fauna de Puerto Rico, un proyecto en el que la selva boricua escondida en la tierra, los árboles y el agua, desfila ante el monitor de los cibernáutas que la visitan.

En sus tres décadas de incursión en la ciencia, el Dr. Laboy Nieves tiene un legado de más de 35 artículos y libros publicados sobre temas ambientales. En su trayectoria, este científico boricua reconoce que hubo muchas personas que contribuyeron en su formación científica y a quienes siempre deseó emular. Entre éstas, destaca al Dr. Gustavo Candelas, al Dr. Pío Rechanni, al Dr. Ariel Lugo, a la Dra. Álida Ortiz, al Dr. James Mosher y al Dr. Jesús Eloy Conde.

A la nueva generación de universitarios y científicos jóvenes, el Dr. Laboy Nieves les aconseja que estudien lo que en verdad les apasiona porque así tendrán todos los días mucha motivación para trabajar. “La indigencia económica NUNCA debe ser un escollo para que un estudiante talentoso aspire lo máximo en ciencias. Hay que aprovechar y maximizar las oportunidades que la vida nos presenta para superarnos en el campo académico y profesional, porque posiblemente esas oportunidades nunca más se repitan u otros les sacarán el mayor provecho.”

“A pesar de que es natural cometer errores, debemos aprender de éstos y edificarnos ética y profesionalmente ante todas las experiencias, lo que nos convierte en seres intelectualmente maduros y humanistas. El mayor obstáculo para alcanzar el éxito profesional es nuestro propio cerebro, que a veces se empeña en que tengamos miedo a la aventura y a lo desconocido. Es entonces cuando debemos abrirnos a otras ópticas y personalidades, para que nos ayuden a trazar nuestros rumbos y conquistar nuevas metas.”

Si quieres obtener más información sobre el Dr. Laboy Nieves y su prolífica carrera en defensa del ambiente, puedes ver su perfil en el portal de Ciencia Puerto Rico (www.cienciapr.org).

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