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Peregrinaje por la Ciencia Boricua

Imagen de Francis Heber Gonzalez
Francis nos cuenta su experiencia de voluntario con CienciaPR

Estar en un clima inhóspito, frío, con tus colegas echándote miedo de que las tormentas de nieve te van a tragar, hace a cualquiera dudar de su cordura al tomar la decisión de dejar las playas de mi terruño por los fríos inviernos de Boston.  

Luego de mudarme a esa inspiradora y musical ciudad, de alguna manera me enteré de una iniciativa que llamaban Ciencia Puerto Rico, y de los jíbaros habían creado un website.  Pensé: “¡Más nerdos boricuas, qué bien! ¡Qué tremenda idea!”  Así que entré al portal, creé un perfil e invité a todos mis amigos de Química del Colegio (UPR-Mayagüez).  

Poco tiempo después un grupo de estudiantes de varias universidades de Boston, preocupados por la situación fiscal del país (¿recuerdas cuando el gobierno tuvo que cerrar, la primera vez, en 2006?) nos juntamos para hacer algo por la patria.  En una de esas conversaciones uno de mis buenos nuevos amigos me comentó de esta muchacha que trabajaba con CienciaPR y escribía artículos para El Nuevo Día sobre Ciencia.  

Resulta que esa era Mónica, que trabajaba en el edificio casi al frente del mío. Con timidez y entusiasmo le escribí para juntarnos a almorzar un día.  Recuerdo que ese día hablamos de sus ratones y de algunos artículos que había publicado recientemente en El Nuevo Día a través de una colaboración.  Me comentó de otra boricua en el edificio y de otra en Brandeis.  Eran Paola y Yaihara.  Ambas profundamente comprometidas con la educación y echar a Puerto Rico pa’lante.  

Fueron muchos los almuerzos, cafés, charlas, seminarios y hasta conciertos de rock latino que compartimos entre científicos boricuas en Massachusetts mientras estuvimos cerca.  La fuerza y la inspiración que estas científicas boricuas, #Borinqueñas, tuvieron la dulzura de compartir conmigo en esos años es algo de lo que jamás me cansaré de hablar y esos bonitos recuerdos me los llevaré a la tumba.  

Eventualmente, pasé por New Haven y Daniel sacó de su tiempo para llevarme a almorzar a un “food truck”, cuando a penas esa moda empezaba, y nos sentamos par de horas a hablar sobre mis planes.  Me dio consejos que hasta el día de hoy recuerdo y mantengo presentes al tomar decisiones.  

De camino de Boston a Los Ángeles en carro pasé por Michigan y me encontré con Giovanna y su esposo y discutimos varias ideas que tenía en mente de cómo podría ayudar a CienciaPR.  Además de eso conocí otro lado de Giovanna, la coleccionista de arte puertorriqueña, afiches y otros embelecos que me llenó de alegría y calor isleño en un frío enero en Michigan.  Cuando, más adelante, pasé por Nebraska me encontré con Greetchen en Lincoln. Nos tomamos un café y me habló de sus sueños y su visión.  Fue muy inspirador.   El encuentro con Giovanna y Greetchen me hicieron entender que es cierto lo que dice Roy Brown: “Borincano aunque naciera en la luna”.

En el 2012, mientras contemplaba una transición de carrera, hice el compromiso de unirme al equipo de voluntarios.  Desde entonces he ayudado en diferentes iniciativas.  Quizás las más que me emocionan son las más recientes: el blog de “Conocimiento: A tu Salud” y esta iniciativa de recolectar las anécdotas de nuestros voluntarios con motivo de la celebración del 10mo aniversario.  

Siempre he tenido un interés especial por la educación, la mentoría, la comunicación científica y la salud pública.  La iniciativa de “Conocimiento: A tu Salud” une todos estos intereses y aspiraciones: educar sobre la salud pública cultivando las destrezas de comunicación científica en los futuros profesionales de la salud a través de la mentoría y consejería.  Es un proyecto en proceso pero estoy muy contento con lo que se ha hecho hasta el momento y con el entusiasmo de todos los involucrados.  

Mil gracias a los estudiantes del Recinto de Ciencias Médicas y a mi colega Viviana, amiga desde los años en Boston (más de 10 años, ¡cómo pasa el tiempo!), que ha sido el motor de todo esto desde el Recinto.  Igualmente, sin los demás colaboradores, profesores y científicos boricuas comprometidos con la Ciencia y Puerto Rico que han aportado escritos, recursos, consejos e información esto no sería posible.  Yo solo edito y envío correos.  Ellos escriben y son los comunicadores.  A todos ellos. ¡Gracias!

Similarmente, el proyecto de recolectar las anécdotas de los voluntarios tiene mucho valor para mí.  Por años he visto a estos titanes y titanas de la Ciencia Boricua haciendo patria en la isla y en tierras lejanas.  La inspiración de ellas/os es invaluable.  Cómo mencionó Daniel en un escrito anterior citando a Mayra Santos Febres ”Nuestras historias no están contadas. Y sin nuestras historias, el mundo está incompleto”.  Así que para mí, estas historias y esas personas son los "imprescindibles", para referenciar a Bertolt Brecht via Silvio; los que luchan toda la vida.  

Hay mucha tela para cortar en cuanto a todo lo que podemos hacer por la Ciencia en Puerto Rico.  Creo que todo empieza con la educación, desde una edad temprana, inculcando curiosidad, no dando respuestas sino haciendo preguntas, dejando que los nenes y nenas se ensucien las manos, que coman tierra y los piquen las avispas y las hormigas bravas; dejando que trepen palos y que le metan el diente a un limón o a un mangó o un tamarindo.  Y que descubran lo que pasa.  Que vivan el método científico.

Espero que Ciencia Puerto Rico pueda catalizar nuestra transición como pueblo a uno en donde el conocimiento científico no es solo capital de unos pocos sino el lenguaje que se habla en la calle, porque la ciencia está a nuestro alrededor: cae un coco de una palma, el coquí canta, suenan las cuerdas de un cuatro en un concurso de trova en Jayuya, crece el café en Maricao, se ilumina la Bahía Mosquito en Vieques con sus microorganismos bioluminiscentes, y en El Yunque llueve casi todos los días.  

Hay Ciencia detrás de cada una de esos eventos, cada uno tan puertorriqueños como la sangre que corre por nuestras venas y nos infla el corazón al ver la monoestrellada.  Entonces, ¡que viva la Ciencia Boricua! ¡Y que viva la familia de Ciencia Puerto Rico!

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