Boricua estudia orígenes de la agricultura en el Caribe

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Por: 

Gerardo E. Alvarado León

La agronomía y la arqueología se fusionan perfectamente en la figura de Omar Gerardo Ortiz Morales, quien hace dos años viajó a Colombia a adiestrarse en el análisis de macrorestos vegetales, y allí ha permanecido pues su interés es convertirse en paleoetnobotánico.

Esta disciplina, en síntesis, es la que estudia el uso y la relación que antiguos grupos humanos sostenían con las plantas de su entorno, además de sus técnicas agrícolas.

Con sus investigaciones, Ortiz Morales intenta encontrar evidencia de cultivos y uso de plantas silvestres, además de posibles interacciones fitoculturales entre grupos humanos en Suramérica y las Antillas, para así aportar al conocimiento sobre los orígenes de la agricultura en las islas del Caribe.

“En Colombia, trabajo en distintos proyectos con entidades, tanto privadas como gubernamentales. Me desempeño como investigador en la búsqueda, identificación, documentación y análisis de yacimientos arqueológicos a lo largo y ancho del país. Con especial interés en la agricultura precolombina, combino mi experiencia y estudios en agricultura y arqueología a través de la paleoetnobotánica para hacer la identificación de antiguos macrorestos vegetales (semillas, ramas y troncos) recuperados mediante trabajos arqueológicos recientes en forma de restos carbonizados y enterrados por el paso del tiempo”, dijo Ortiz Morales.

“Estos restos, junto con el estudio de almidones, polen y fitolitos, son la evidencia más exacta que podemos utilizar para conocer antiguos cultivos y otros recursos vegetales que fueron utilizados por grupos humanos”, agregó, al destacar que la investigación principal en la que está trabajando en estos momentos es el estudio del yacimiento arqueológico Santa Helena en el Departamento de Bolívar, financiado por el Instituto Colombiano de Antropología e Historia .

Según contó, el proyecto, titulado “Organización social en las estribaciones de la Serranía de San Lucas: Estudio de unidades domésticas en el sitio arqueológico de Santa Helena”, intenta determinar patrones de asentamientos prehispánicos y formas de organización social en un área del Magdalena Medio. Las excavaciones en Santa Helena, indicó, se llevaron a cabo en marzo pasado, y entre los hallazgos se encuentran estructuras de piedra de las que aún se intenta determinar su uso y período de construcción, en un enterramiento prehispánico en urnas funerarias y más de 12,000 fragmentos cerámicos.

“Con mis estudios aplicados en macrorestos botánicos recuperados en ese sitio pretendo hacer una reconstrucción paleoambiental de la zona y así determinar actividades domésticas y económicas que allí se estaban desarrollando”, sostuvo Ortiz Morales, de 26 años y criado en una familia de agricultores entre los montes del barrio Jájome Alto, en Cayey, y Palmas Altas, en Guayama.

“De esos montes y haberlos corrido descalzo toda mi vida debo mi dedicación a la tierra, pues la importancia de trabajarla fue uno de los primeros valores que me inculcaron en esas primeras lecciones de vida. Fue a partir de esto que nació mi necesidad de conocer todas las plantas que crecían en la tierra de mi familia, cómo hacerlas crecer, y desde muy pequeño, estudiar y aprender las propiedades, los usos medicinales y alimenticios de un gran número de estas”, dijo Ortiz Morales, quien completó un bachillerato en ciencias agrícolas, con especialidad en educación agrícola, en la Universidad de Puerto Rico (UPR) en Mayagüez.

No obstante, su formación empezó en la UPR en Utuado, donde, además de estudiar agricultura, comenzó a tomar cursos de arqueología impartidos por el doctor Reniel Rodríguez Ramos, con quien luego trabajó como voluntario en distintos estudios arqueológicos en la montaña. Uno de esos estudios fue en Cueva Ventana, Arecibo, donde pudo hacer excavaciones y análisis de laboratorio que duraron casi un año. Durante las excavaciones en Cueva Ventana experimentó por primera vez con la paleoetnobotánica de la mano del doctor Jaime Pagán Jiménez, único investigador de la Isla en esta disciplina.

“Desde ese momento, hace ya siete años, decidí que a eso quería dedicarme, por lo que seguí trabajando y estudiando ambas profesiones con la intención de convertirme en paleoetnobotánico”, expresó, al destacar que viajó a Colombia, a mediados de 2013, ante la falta en Puerto Rico de un programa que le permitiera especializarse.

Su primer proyecto en suelo colombiano fue el análisis arqueobotánico del Parque Arqueológico Tibes en Ponce, a cargo del doctor Antonio Curet y financiado por el Field Museum de Chicago, en conjunto con la Universidad de los Andes  y su laboratorio de paleoetnobotánica. Concluido el análisis, a principios de 2014, comenzó a trabajar con empresas privadas e investigaciones independientes dedicadas a estudios arqueológicos, oportunidad que le permitió recorrer el Amazonas en Colombia, Brasil, Ecuador y Perú. Además, tuvo la oportunidad de trabajar con el Instituto Colombiano de Antropología e Historia, en el desarrollo de un sistema integrado y georreferenciado de información para la gestión del Patrimonio Arqueológico de la Nación: Atlas Arqueológico de Colombia.

Ortiz Morales afirmó que su formación en el estudio de macrorestos vegetales supone la posibilidad de generar nuevas respuestas, pero también otras interrogantes sobre los orígenes de la agricultura en las Antillas y la reconstrucción de paleoambientes. Mencionó, por ejemplo, que en los terrenos de la UPR-Utuado, donde se encuentra el yacimiento de Salto Arriba, las excavaciones del doctor Rodríguez Ramos han dado a conocer el uso de una técnica agrícola de compostaje nunca antes documentada en grupos precolombinos del Caribe. Esta técnica, llamada “Aholla’o de mina”, sugiere que los grupos precolombinos excavaban el suelo y depositaban materia orgánica adentro, para luego ser utilizadas en los cultivos. Actualmente, Ortiz Morales está realizando en análisis de las semillas y carbones encontrados dentro del “Aholla’o de mina” para intentar identificar las especies que estaban siendo utilizadas con este fin, como por ejemplo desechos de cosechas, plantas o maderas.

Además, Ortiz Morales participa en el análisis de semillas antiguas de uno de los sitios arqueológicos de mayor relevancia en el continente suramericano: el sistema hidráulico de los camellones de Zenú, una de las más complejas obras de ingeniería hidráulica creadas por los grupos zenúes, localizados en las sabanas del Caribe colombiano.

“A nivel profesional, quiero seguir desarrollando mis conocimientos y experiencia en los estudios paleoetnobotánicos, específicamente dominará el estudio de macrorestos y, en un futuro no muy lejano, también polen y fotolitos, para estudiar sitios arqueológicos tanto aquí en Colombia como en el Caribe. Para lograrlo, estoy en la búsqueda de escuelas de postgrado donde pueda realizar mi maestría en paleoetnobotánica y continuar realizando investigaciones. A nivel personal, quiero regresar a Puerto Rico; quiero enseñar agricultura en mi país, lo que me permitiría evolucionar aún más en estos temas de paleoetnobotánica y no despegarme de la tierra, que es lo que realmente me apasiona”, concluyó.

Ortiz Morales aseguró que ya tiene en mente su próximo proyecto: el uso, distribución e importancia de la palma de corozo en los grupos precolombinos de Puerto Rico, pues ha sido documentada en yacimientos arqueológicos en los pocos estudios realizados en macrorestos por parte de investigadores extranjeros, pero aún se desconoce qué uso e interés tenían con ella.

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