La ciudad de los pájaros

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Por: 

Camile Roldán Soto
El San Pedrito resalta por su brillante color verde. (Jorge Ramirez Portela)

Ciales- Si te dicen que sueñas con “pajaritos preñaos” es porque probablemente añoras lo imposible, alguna  locura. Pues algo similar ocurre cuando vas a buscar aves al bosque con la intención de capturar su imagen a través de los binoculares y, ni hablar si lo que deseas es tomarles una fotografía. 

La observación de estos animales es una utopía en acción. No tiene nada de simple o pasivo. Es un ejercicio -y reto- a la paciencia, a la determinación,  que  despierta  oídos y pupilas de una forma sorpresivamente seductora.

A esta conclusión llegas después de estar  cuatro horas inmersa en el bosque tratando de entender qué es el avistamiento de pájaros.  Alcides Morales Pérez, agrónomo de profesión, pajarero de corazón y, además,  intérprete ambiental de Para la naturaleza, te encuentra en un restaurante de comida rápida cerca de la entrada del pueblo de Ciales. Este es el punto de encuentro antes de continuar por un tramo de curvas  hasta el Área Natural Protegida Cueva Yuyú. 

El terreno fue adquirido por Para la Naturaleza, una unidad del Fideicomiso de Conservación, a través de una  propuesta federal cuyo fin es  proteger áreas importantes para las aves migratorias neotropicales.   Bajo la premisa de que se cuida  lo que se conoce, la organización busca alternativas para acercar al público a zonas como ésta. El Censo de Aves Migratorias  es una de las  alternativas para dar a conocer el área y, además, ayudar a la tarea de recopilar información sobre los pájaros que ayude a los científicos a documentar su vuelo, aprender más sobre ellos y potenciar las oportunidades de protegerlos. 

 

 

 Cuando te enteras de que a la Isla llegan pájaros que en una sola noche o dos o tres días cruzan mar y tierra desde Canadá para llegar Ciales a comer antes de seguir o quedarse aquí días, semanas, quizás meses, entiendes que si algo merecen es tener alimento y abrigo garantizado.

“Algunas vuelan a  Tierra del Fuego, en Argentina. Otras a Brasil. Algunas se quedan aquí hasta febrero o marzo,  incluso abril,  cuando comienza la  primavera en Estados Unidos y se van allá a criar”, explica Alcides. 

El vuelo entre un lugar y otro es asunto de vida o muerte. Por eso, las aves migratorias tienen sus estrategias para lograr el éxito en la travesía. Algunas viajan  toda la noche, prácticamente sin descanso. Así evitan sufrir el calor del sol o la amenaza de convertirse en el bocado nocturno de algún depredador. 

“Imagina cuán rápido puede calentarse un ave  chiquita con este calor”, dramatiza el guía. 

Gotas de sudor bajan por su frente y la tuya.  Entiendes de qué habla. Luego, Alcides saca de su mochila un pequeño aparato amarillo. Con él documenta los parámetros ambientales del día. Temperatura:  75 grados. Humedad relativa: 89%. Viento, ninguno. Cobertura de nubes, cero. Las condiciones del clima  pueden ser un indicador para saber cuan activas pueden estar  las aves. 

“Si tenemos un día lluvioso, aunque no sea a cántaros, la cantidad de pájaros disminuye. No es que no estén ahí, pero están menos activas y, por lo tanto, menos visibles. Si tenemos un día soleado, o si hubo un frente frío la noche antes, la actividad aumenta debido a que ese fenómeno les facilita el tránsito”, indica Alcides, al indicar que  la primera es una buena época para el avistamiento de aves, ya que es  su época de reproducirse. 

 Con los binoculares colgando del cuello, empiezas a caminar en silencio por la vereda, pero tienes que cambiar de rumbo porque están cortando la grama. Al entrar, por fin,  al reino de los pájaros varias cosas cambian. Dejas de escuchar voces, carros, teléfonos. Te concentras en oír el lenguaje de las aves. Es como llegar a un aeropuerto en un sitio lejano donde ni el español ni el inglés son lenguas comunes. 

Para  Alcides la experiencia es otra. Rápidamente reconoce un canto. “Reinta trepadora”, afirma con total seguridad. No tarda mucho en nombrar otra especie, y otra. Sujetas los binoculares y como no estás acostumbrada a ver a través de ellos tu mirada se pierde en el verdor intentando seguirle el paso. No puedes  evitar sentirte un poco fuera de lugar cuando el guía continúa identificando sonidos muy naturalmente, como si se tratara de las voces de sus familiares y amigos. Es difícil entender cómo se logra eso y le preguntas: ¿pero cómo estás tan seguro? “Son 15 años de práctica”, dice sonriendo. 

Alcides comenzó a estudiar ornitología- ciencia que estudia las aves- por su cuenta y aunque él no lo menciona, sabes por referencia que es un ornitólogo, digamos honorario,  muy respetado.   Por eso te sorprende que cada vez que escucha un ave  se sorprende casi como si fuera  la primera vez. Se esmera por dar las instrucciones exactas para que puedas observar lo mismo que él y suelta datos sobre las particularidades de cada uno. Toma el tiempo y  la paciencia de explicar todo lo que sabe. 

Escuchas el sonido de un golpe en la madera. Parece como si alguien tocara una puerta. Suena fuerte y antes de que puedas preguntar en voz alta qué es eso, Alcides avisa que por ahí anda un pájaro carpintero. El nombre de esa ave te emociona por lo curioso de su trabajo en los árboles. Por suerte, ésta vez sí puedes verlo porque está “trabajando” solitario  en un árbol. Se te dibuja una sonrisa de victoria al poder detectarlo. Empiezas a entender mejor la fascinación de las personas que dedican su tiempo a observar pájaros. 

Apreciar a estos animales en su ambiente y no en la pantalla de la televisión o la  foto en una revista  te conecta con la naturaleza y es muy placentero. De repente, eres consciente de ese otro mundo que respira  sobre tu cabeza, entre las copas frondosas de los árboles. Es una de esas cosas que a  diario,  entre las paredes de tu oficina o el ajoro diario difícilmente lo notas.   

“Las aves son bien dinámicas, hay de todos los tamaños y comportamientos. Son una especie sombrilla de la naturaleza porque puedes asociarlas con todo: las plantas, los insectos. Con ellas te das cuenta de  cosas que antes no veías”, dice Alcides sobre una de las razones que lo enganchó con el avistamiento de pájaros. 

A Puerto Rico llegan anualmente sobre   50 especies de aves migratorias.  En las zonas boscosas son más abundantes las reinitas, de las cuáles nos visitan aproximadamente 15 variedades.  Las fincas del carso norteño en los pueblos de Florida, Ciales y Manatí son  un hábitat importante para todas ellas. 

Una de las técnicas de los que saben sobre pájaros es llamarlos haciendo sonidos. Esta práctica se llama “pishing” y Alcides es experto en practicarla. ¿Eso no los espanta? le preguntas. La respuesta es no. Los pájaros- dependiendo de la especie- pueden ser criaturas muy curiosas y territoriales. Al escuchar algo extraño ellos quieren ver qué es lo que hace ruido o quizás consignar que están ahí, protegiendo lo suyo. 

Otra manera de llamar a las aves es el “playback”, que consiste en ponerle volumen a la grabación de algún sonido emitido por la especie a la cual se desea atraer. Aunque muchos avistadores o fotógrafos la utilizan mucho, se trata de una técnica que puede ser peligrosa  para las especies.

“Si lo usas en temporada de anidaje, ellas van a abandonar su nido para averiguar quién está en su territorio. Vas a perder aves, vas a perder nidos. Ellas van a venir a defender su espacio”, explica Alcides. Las aves también sufren a causa del abuso de este método cuando están comiendo y dejan de hacerlo para asumir una actitud de alerta. Por lo anterior, hay que orientarse bien antes de usar este método y evitar abusar del mismo.

Alcides utiliza más el “pishing” para atraer a las especies que poco a poco vamos encontrando. Entre las migratorias se encuentran la  Pizpita Dorada, la Candelita, la Reinita Azul, la Reinita Trepadora y la Pizpita de Río, entre otras. Otros pájaros que divisados son nativos o autóctonos de Puerto Rico, como Bobito, San Pedrito y la Reina Mora.  

Ver especies menos comunes, como la Reinita Alidorada o la Reinita Flanquicastaña es un evento importante para los observadores, explica Alcides. Disfrutan de un momento efímero y tienen la posibilidad de nutrir la base de datos eBird, un programa abierto al público general que guarda toda la información acerca de las observaciones. Creada en 2002 por el  Laboratorio de Ornitología de Cornell y la Sociedad Nacional Audubon de Estados Unidos, la red es administrada en Puerto Rico por Para la Naturaleza y la Asociación de Ornitología de Puerto Rico.

Tras participar del censo, puedes incluir tus observaciones en la base de datos a través de una cuenta personal. La información servirá para ayudar a los  investigadores y conservacionistas a proteger a las especies de aquí y las que nos visitan. 

El camino de regreso al punto de partida regala nuevas voces. Al llegar, Alcides vuelve a tomar los datos ambientales. Temperatura: 90 grados. Humedad: 87.5 por ciento. Viento, ninguno. Cobertura de nubes: parcial. Te despides del bosque y  sus habitantes. Las voces se van apagando a medida que abandonas su espacio. 

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