El llamado del tinglar: un reclamo de la Tierra

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Luis Miguel Rico / Especial El Nuevo Día

Ha comenzado la temporada de anidaje del tinglar.

El pasado verano, en la playa de Ocean Park, dos organizaciones, el Comité Estudiantil de Sociedad de Ambiente Marino (CESAM) y la Asociación del Tinglar de Puerto Rico (ATIPUR), llevaron a cabo una campaña de limpieza de playa y de recogido de colillas de cigarrillos, además de vigilar el penúltimo nido de tortugas tinglares que quedaba por salir.

Mientras se realizaba la limpieza, 96 tortuguitas nacieron en medio de una multitud supervisadas por los dos grupos conservacionistas que llevaban meses cuidando y supervisando los nidos. Algunos lloraron de emoción.

El llamado del tinglar es el mensaje de las especies en peligro de extinción –como el tinglar– de que estas playas son también su hogar y que el momento que estamos viviendo es el de mayor destrucción ecológica del planeta desde hace 65 millones de años, catástrofe cuya causa es el hombre mismo.

Es también el llamado a la conciencia de una especie que lleva en la Tierra 75 millones de años, mientras que el homo sapiens lleva solo 150,000 años.

La Teoría de la Evolución no es solo una documentación científica de cómo se formó la vida en la Tierra, sino un mensaje que no hemos asimilado todavía. Que la vida evolucionó durante 4,000 millones de años para hacer de la Tierra un lugar amable para la vida.

En este enorme lapso ha producido un clima estable y una expansión de la biodiversidad con la más sorprendente expresión de formas y belleza en su proceso de adaptación y cocreación hasta llegar a una cantidad aproximada de 300 millones de especies que se integran a los sistemas sustentadores de la vida, los fortalecen y los estabilizan en un proceso de cooperación en el entramado de la vida.

El ser humano, por ser una especie muy joven y con un enorme poder sobre la Tierra, no se ha integrado a esa dinámica evolutiva. Las consecuencias son el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la degradación de los sistemas sustentadores de la vida.

Pero hay un grupo creciente de individuos conscientes que hacen ya una diferencia en el planeta. Las soluciones ya las conocemos: crear una sociedad sustentable basada en las energías renovables, la conservación y el reciclaje.

El cambio requiere un grupo, una “masa crítica consciente” que se involucre activamente. Siempre ha sido así. Unos pocos visionarios que pasan a la acción dentro de su entorno, rodeados de apatía, cinismo y del “qué hay pa’ mí”.

El llamado del tinglar es que todos nos involucremos con acciones en el hogar, las escuelas, las universidades, las empresas, las comunidades y el Gobierno. Los lemas de CESAM y ATIPUR son “Educación en Acción” y “Dime y olvidaré, muéstrame y quizá recuerde, pero envuélveme y entonces comprenderé”.

Este es también el mensaje de la evolución: la integración y la cooperación de todas las especies en un solo organismo unificado en su diversidad, interdependiente, e interconectado que es el hogar de todos, Gaia. Los humanos estamos destinados a ser la expresión consciente de Gaia, y la guía para ello es imitar la naturaleza. Ella ya sabe hacerlo.

Integrarnos al gran proceso de la cocreación cósmica que comenzó con una gran explosión hace 14,000 millones de años –el Big Bang– y que continúa en expansión acelerada. Ninguna otra generación en la historia humana o de ninguna otra especie ha tenido este reto. A su vez y paradójicamente ¡Qué gran oportunidad para encontrar el verdadero propósito y sentido de la vida para estas generaciones!

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