Esfuerzo por salvar a la iguana de Mona

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Osman Pérez Méndez

ISLA DE MONA - Esta isla se distingue, entre otros atributos, por poseer una gran cantidad de especies de animales y plantas endémicas que solo habitan en la isla localizada en el canal marino que separa a Puerto Rico y República Dominicana.

Pero la distancia y el hecho de que Mona sea una reserva natural y no tenga una población humana permanente no han impedido que algunas de esas únicas criaturas se hayan visto amenazadas por la acción humana.

Tal es el caso de la iguana de Mona, cuya población ha caído a niveles que han hecho necesario un programa de cría para su recuperación. El biólogo Alberto Álvarez y la estudiante doctoral de biología Cielo Figuerola explicaron el proyecto creado por el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) en 1999, mientras trabajaban en marcar a pequeñas iguanitas en las rústicas pero efectivas jaulas del proyecto.

“Estudios de hace 15 a 20 años sugerían una población baja, especialmente de ejemplares juveniles. Recomendaron trabajos de investigación para aumentar la población de iguanas. Se pensó que esa baja en la población se debía a la depredación de juveniles por especies invasoras, como los gatos”, comentó Álvarez.

 

Competencia a especies nativas

El biólogo recordó que, en tiempos en que se asentaron personas en Mona para trabajar en la industria del guano, llevaron a la isla diferentes especies como cerdos, cabros y gatos, que se convirtieron en un problema para las especies nativas.

De igual forma, introdujeron en la isla el llamado pino australiano o casuarina, para cosechar su madera, algo que finalmente nunca se hizo. Pero ese pino continuó esparciéndose por la pequeña franja que forma la llanura costera, que es apenas el 10% de la isla, y es donde anidan las iguanas y otras especies como el carey. Las plantaciones terminaron provocando que disminuyera el área de anidaje y fue necesario reducirlas.

El estudio. “Todo eso incidió en los números bajos (de la cantidad de iguanas). Se creó el programa de criaderos para liberarlos luego que alcanzaran cierto tamaño”, añadió Álvarez. Destacó que todas las iguanas liberadas llevan un microchip que les insertan bajo la piel y que permite documentarlas por el resto de sus vidas, para obtener información sobre su crecimiento, dispersión y otros datos relevantes.

 

Los estudios muestran que a los animales liberados, luego de dos años y medio y con cierto peso y tamaño, les ha ido bien. El proyecto, que es uno “de los más baratos”, ha permitido aumentar los números de la iguana desde los 1,500 ejemplares estimados en un censo de la década de 1970 a entre 4,000 y 5,000 individuos en el censo de 2000. Un nuevo censo está pendiente a realizarse próximamente.

“La población es aún bajita, si la comparamos con poblaciones similares de otras islas, teniendo en cuenta la densidad y el tamaño. Y todavía está la amenaza de los gatos y los cerdos. Pero hemos observado a más iguanitas en el campo, y eso es una buena señal”, comenta Figuerola.

Pero, ¿por qué poner tanto esfuerzo en ayudar a la iguana de Mona?

“Es una especie única en el mundo y es de las más carismáticas de la isla (de Mona)”, contesta Figuerola con evidente emoción.

“Aparte de consideraciones ecológicas y sociales, tenemos el deber de mantener la especie para generaciones futuras. Está amenazada por las acciones de las personas y estamos tratando de revertir eso”.

Dispersa semillas

Además, añade Figuerola, “la iguana es un importante dispersor de semillas de árboles nativos por toda la isla. Come los frutos y luego excreta las semillas en otro lugar. También es un animal que controla las poblaciones de artrópodos (insectos, cangrejos, arañas y alacranes)”.

Y no es solo la iguana. Con la protección a la isla de Mona se ayuda también a otras especies únicas.

La mayoría de los reptiles de Mona, de hecho, son endémicos. La lista incluye, además de la iguana, a culebras, lagartijos y geckos. Asimismo, el único anfibio de la isla, el coquí de Mona, también es endémico.

La exclusividad no acaba ahí. También hay en Mona dos aves endémicas, así como arañas, escorpiones, picudos y termitas. Además, alberga varias plantas endémicas, entre ellas una orquídea.

La isla es además hogar de algunas plantas en peligro de extinción, como el higo chumbo y el guayacán blanco, y también viven allí al menos cuatro plantas que resultan venenosas para la gente si se entra en contacto con ellas.

Y más allá de todas esas especies, ¿quedarán animales y plantas por descubrir en Isla de Mona?

La respuesta a esa pregunta, de acuerdo con Figuerola, es que hay una probabilidad bastante alta de que así sea, sobre todo entre los animales invertebrados, en los grupos de los insectos, arácnidos y moluscos, puesto que todavía queda mucho por estudiar en este paraíso perdido.

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